sábado, 31 de julio de 2004

De wookies y sables

Desde que tengo uso de razón me gusta Star Wars. Mi sueño era tener los chapes pernos de la princesa Leia porque los encontraba topísimos y extremadamente originales. ¿A quién se le ocurre salir con un buñuelo a cada lado de la cabeza? Encontraba que Leia era una pionera del estilo propio a pesar de encontrarse en una galaxia muy, muy lejana hace mucho, mucho tiempo. Cuando cumplí 14 años me empezó a gustar el famosísimo bikini dorado que Leia luce con tanto hueso en ROTJ (para los que no manejan la jerga Star Wars, ‘Return of the Jedi’). La explicación más lógica que le puedo dar a este cambio de gusto es que a los 14 tenía la femineidad a flor de piel y no había nada más femenino, aunque suene machista, que una princesa vestida de esclava en un diminuto bikini dorado. Ya en el epílogo de mi quinceavo año, descubrí la parte ‘mística’ de SW. Veía la trilogía una y otra vez hasta aprenderme todos los detalles de los personajes. Confieso que un Sábado por la noche, cuaderno en mano, me dediqué a estudiar las personalidades de los personajes. Luke es noble, fiel a sus amigos y con un gran complejo de soledad. En ROTJ se vuelve arrogante; para qué hablar de su oso a enfrentarse al espectacular Darth Vader cuando recién comenzaba su entrenamiento Jedi. Malditos extraterrestres... Tanto complejo gringo que les metieron a pesar de provenir de planetas como Tatooine, Alderaan, Naboo, Courasant y Yaspin, entre otros. Bueno, esas son algunas de las conclusiones que anoté en mi cuadernito, recientemente rescatado de mi baúl.

Si me preguntan qué pienso de las prequels (nueva trilogía), les diría que mis opiniones están divididas. El episodio I me pareció una mierda; los únicos rescatables del elenco fueron Liam Neeson, Ewan McGregor, Ian McDiarmid y la en ese entonces púber Natalie Portman. No me hagan empezar con Jar Jar Binks, esa estupidez creada por Mr. George para los niños. ¡¿Cómo, me pregunto yo, pudo el creador de ‘American Graffitti’ crear al molesto y absolutamente desechable personaje que lo llevó a perder toda su credibilidad como narrador de historias?! Veo a Jar Jar y me dan ganas de vomitar. ‘Es para los niños’, se excusó el Tío Lucas. ¿Alguien conoce a un niño que guste de Jar Jar?

El episodio II fue otra cosa. Con esa entrega mi cariño por Star Wars se transformó en obsesión sana, es decir, pasaba horas averiguando detalles y secretos de la película antes de su estreno (los infames pero adictivos spoilers), buscaba fotos de los actores, etc... Cuando finalmente se estrenó la película fui a verla con la única amiga que gustaba de Star Wars. Expectantes nos sentamos en las butacas. La película tenía una calidad nunca antes vista por mis ojos vírgenes de progreso. Fue la primera película rodada completamente en formato digital, pero de tecnología no me interesa hablar. Hablemos de los diálogos cursis intercambiados por el ya crecido y asquerosamente sexy Anakin (Hayden Christensen) y la bella, noble y racional Padmé (Natalie Portman); de lo falso que parecía el romance; de las malas críticas que recibieron estos dos actores por esta película a pesar de tener buena química en pantalla. ¿Y qué esperaban? George Lucas es un excelente narrador, pero es débil en los diálogos románticos. Su fuerte son las escenas de acción, batallas épicas, creación de mundos, camuflar lecciones de vida en sables de luz y máquinas respiratorias, y tantas cosas más. Con esa limitación o don, ¿qué escribirían ustedes para que dos personas se enamoren en tres o cuatro días y se casen al quinto? Recordemos que debemos justificar el nacimiento de Luke y Leia, y de ninguna manera habría permitido Lucas que los gemelos más célebres de las galaxias hayan sido ‘condoritos’ de una senadora galáctica y su amante Jedi. No, pues. Todo por ley en Star Wars, por lo menos al engendrar hijos. Recuerden también que intenta enseñarnos que después de la oscuridad está la luz y viceversa, y el tío Lucas no pudo haber acertado mejor al representar valores como la espiritualidad, generosidad y valentía en una orden de caballeros al servicio de la galaxia: los Jedi.

En el fondo, esta serie nos compromete a la incómoda situación de superarnos. Star Wars se trata de valor, de amistad, de compañerismo, de tentación, del poder y, más que todo, de redención. Y fue a los 17 años, sabiendo todo lo que hay que saber sobre el personaje más interesante de Star Wars (Anakin/Vader), que me di cuenta de lo importante que es la redención, mejorar, volver a la luz, hacer algo de la vida, aprovechar las oportunidades, superarse, perdonar, valorar, sufrir, disfrutar y evitar casarse con un aprendiz de Jedi con tendencias sádicas. Por más sexy que sea.

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