sábado, 31 de julio de 2004

A la deriva

Siento que vivo una nueva etapa. Es raro, porque no es una etapa, sino el espacio entre dos muy importantes: la escolaridad y la adultez.

El año pasado sentía que tenía todo muy claro. La vida me sonreía, era más que madura para la edad que tenía y conocía un 90% de mi persona. La soledad era una opción que valoraba y de la que me enorgullecía. Rechacé 2 pretendientes pensando que habría algo mejor este año, alguien que me volvería loca hasta la punta de las mechas.

Hoy la vida aún me sonríe con miles de dones y la soledad es algo que se me está yendo de las manos. Resulta que no me conozco tanto como pensaba. He descubierto explicaciones para cada actitud que tengo y créanme, no son las mejores. Escarbando en mi cabeza me doy cuenta que tengo muchas actitudes cobardes. Descubrí que mi dificultad para entregarme completamente se debe al más puro miedo, uno que nació hace unos 8 años. Me prometieron una familia unida para toda la vida y luego me la quitaron. Típico síndrome de hija de papás separados. No sé si mi temor se deba a que me prometan todo y no lo crea... Puede ser que no quiero lo mismo otra vez. Lo sé, hay que correr riesgos, pero tiendo a cuidarme del daño que me puedan hacer, me cuido del futuro. No quiero más dolor. Es parte de crecer, y este complejo de Peter Pan me tiene aburrida. Lo había superado hace varios años, pero hoy hace su gran 'come-back' con trompetas y organilleros.

Estoy aburrida de esto. Es hora de hacer algo grande.

1 comentario:

T a l e e n a dijo...

Tù ERES grande... y una persona preciosa!