sábado, 31 de julio de 2004

Lo Que Chile Quiere

Fecha original: Enero de 2004


La leyenda del spot contra la ley del divorcio reza: “Chile quiere una familia unida”. Es un bonito pensamiento, y comparto el deseo de Chile. Sería maravilloso ver a la institución más importante de una nación unida, sólida y perseverante. Así como también sería bueno tener un país sin violencia, sin corrupción, sin delitos, sin mentiras. Pero afrontémoslo: somos humanos y cometemos errores. Las campañas realizadas contra la ley del divorcio no son del todo creíbles. Por supuesto que si veo a una pareja de la tercera edad brindando con pisco sour Capel y jugando pool voy a pensar que son unidos. Pero, ¿por qué no muestran el lado difícil del matrimonio? Entiendo que en la publicidad se idealizan conceptos para atraer al público y “vender” el producto. Pero lo que tenemos aquí no es un plan de pre-pago ni una bebida, sino a familias constituidas por padres y niños. Matrimonios e hijos, para ser más exactos. El matrimonio es difícil, y vivo con la evidencia día a día, porque mis padres son separados. No crean que esta es una columna resentida contra los que aún gozan de tener a sus padres viviendo bajo el mismo techo, por el contrario, tengo más que asumido que mis papás ya no se llevan y que son personas que tal vez encajaron a la perfección durante un tiempo, pero ya no. La idea del matrimonio es sobrevivir a las peleas, a las desavenencias; luchar por la felicidad y lograr que el amor pese más que cualquier otro elemento. Pero, guess what, no siempre se logra lo que se propone y no todas las metas se cumplen. Y, por favor, no maltratemos a los hijos que sufren teniendo a sus padres juntos “por el bien de los niños”. ¿Qué bien puede traer vivir una mentira? No digo que se separen y que se rindan, sino que asuman que no les resultó y eviten lastimar a los niños que tienen que escuchar incontables peleas, algunas traumáticas, que no los hará pensar lo afortunados que son de tener a sus padres viviendo en la misma casa, sino lo desdichados que son sus padres por someterlos a tal tortura. El divorcio debería existir y otorgarse a casos sin salida que involucren desavenencias irremediables y no luchas por fortunas. Piénsenlo bien antes de casarse, conózcanse bien y acéptense en las buenas y en las malas. Y también asuman que a ratos no hay nada que hacer excepto reconocer que you screwed up. Pero bueno, eso es lo que yo “quiero”. He dicho.

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