sábado, 2 de abril de 2005

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Murió el Papa.

Yo lo conocí. Estreché y besé su mano. Quise decirle algo pero cuando iba a hacerlo levantó la vista y me miró a los ojos. Y me quedé para adentro. Suena cliché, pero sentí que veía a través de mí y que me comprendía perfectamente y que a pesar de todo seguía siendo hija de Dios. Me dio esperanza y paz en un momento negro que su traje blanco pudo aclarar. Me sentí tan bien.

Lo toqué, estreché su mano en las mías, besé su anillo. Y nos miramos. 5 segundos de mi vida le pertenecen y esos mismos 5 segundos de él me pertenecen a mí. Tengo una foto con él.

Nada más que decir excepto que descanse en paz porque se lo merece.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hola, Sofía.

Lástima que no iluminara a los recientemente cristianizados, a los que deja morir de SIDA por prohibirles usar preservativo. Odiosas religiones...

Sí, soy ateo, ¡gracias a Dios!, y con mi comentario, no pretendo ofenderte, más bien me ofende la ignorancia. Un saludo y continúa con tus lecturas y creciendo; pero por favor, abre esos hermosos los ojos.

sydrux@hotmail.com