domingo, 9 de julio de 2006

Publicidad Engañosa

La Hora 25

Desde chica he sido de esas personas que la gente escucha. Llámenlo magnetismo, carisma, personalidad o estupidez, pero la gente ve algo en mí y piensa, "ella tiene algo." En el colegio y en el sicólogo siempre me hacían esos tests de personalidad y siempre salía que yo estaba pintada para líder. Y podía hacer reír a la gente. Me perfilaba como alguien cálido y acequible, mis amigas confiaban en mí y los adultos no tenían reparos en conversar conmigo de los más diversos temas. Encajaba en todas partes, me respetaban. Incluso hubo un tiempo en el Duoc en el cual la Lili y yo pasábamos y la gente nos miraba con cierta reverencia (más por temor a la Lili que a mí, espero.)

Ha pasado el tiempo, observo a mis amigos y veo que todo ha cambiado. Resulta que soy una farsa. No soy entretenida. Mis amigas me van a visitar a casa con pizza y Coca Light y yo soy un zombie que apenas emite sonido. Me incomoda estar con ellas, me exaspero, me irrito con facilidad. Hasta me he sorprendido mirándolas con cara fea. Con el paso del tiempo me he entregado por completo a mis sueños, lo que me quita las ganas y la energía de compartir con gente que me adora sin explicación.

Es extraño esto de la ambición. Llega a parecer enfermo. Soy capaz de quedarme hasta las 6:30 de la mañana trabajando en mis guiones, escribiendo sin parar, revisando cada una de las escenas hasta que me hagan llorar de la risa. Todo esto mientras intento convencerme de que tengo talento, de que puedo escribir, de que puedo llegar a la gente. ¿Qué pasa si no puedo, si no tengo talento, si no soy tan especial como mis padres predican, si termino como otra aspirante a, si nada por lo que he trabajado hace una diferencia?

Vivo atormentada. Ya no tengo esa chispa de antes. Me vendo como la super amiga ultra entretenida y cuando abren el envase se dan cuenta de que soy blanda. Es como ser una bolsita de té a la que no le queda sabor y lo único que le da al agua es un color débil sin ninguna gracia. Finalmente la taza termina olvidada en un rincón dejando un feo anillo en la madera como única evidencia de su existencia.

Y pasa el tiempo y sigo igual. A la hora de los quiubos inspiro decepción. Y, como gran cobarde, me quiero ir lejos y empezar de cero.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Se lo que es verte por fuera, desear el envase, abrirlo y maravillarme al darme cuenta que era mucho más de lo que esperaba.

Ligarius dijo...

me late que no disfrutas tanto tu pasion como antes, haz tu vision y tu mision y planteate un destino...
juega mas...