martes, 18 de abril de 2006

La Epifanía

ALABBADO SEAS!

Ayer fue un día especial, quizás el último con sol decente y 27º en mucho tiempo. Pero además del clima me pasó algo que me hizo bien. Iba bajando de la 327 (que se decidió a parar en la puerta del estadio y no en la esquina de La Plaza con Las Flores), y mientras caminaba mis ojos encontraron el cerro Manquehue. Eran las 8:27 y la luz llegaba como de cuadro y digital como en The O.C. pero sin mar y tanta gente rubia. Al llegar al Duoc miré la cordillera y sucedió: Me reencanté con San Carlos. Hace mucho que no me detenía a pensar en lo extraño que ir al 'insti' en la cordillera, y es una verdadera bendición.

A veces se me olvida que Santiago puede ser bonito a simple vista. Esto de tener cordillera y cerros que nos cuidan sigue siendo una rareza a pesar de ser nativa de esta polis seudo-moderna. Y no sé, pasé todo el día mirando el paisaje, sacándole fotos a los cerros, a la cordillera, esa inmensa cordillera que se tiñe de blanco en invierno y que termina pareciéndose a un empolvado gigante que quiero puro morder. Pero falta para eso. Démosle unas 3 semanas antes de que las palmeras del Duoc estén bañadas en nieve, como Miami pero con dislexia.

El Duoc sigue siendo un signo de interrogación. Si no me creen, verifíquenlo con Google Earth.



Además de reencantarme con mi casa de estudios me reencanté con "la vida", si me aguantan la cursilería. El Domingo vi la miniserie de Juan Pablo II en la que Jon Voight hace de Papa y en la escena del primer encuentro de jóvenes decía cosas como, "sé que para ustedes es difícil. Deben descubrir quienes son y para hacerlo deben llevar cargas. Pero no se olviden que no están solos." Y me sentí culpable. Debe ser la Católica reprimida que llevo adentro, pero algo cambió, se movió. Para algunos el "no estar solos" se puede referir a un Dios, para otros puede ser la familia, los amigos, la gente que nos importa y/o todas las anteriores. Y me di cuenta que a veces me quejo sólo porque puedo. Porque es fácil. Porque es más fácil echarle la culpa a la vida que a mí misma.

Las quejas consisten en lamentarse por querer algo que no tenemos. Hay cosas que nos pueden ser dadas, como un techo y comida; cariño, afecto. Pero el sentimiento de pertenecer a un lugar es algo que nos corresponde buscar a cada uno personalmente. Claro, puedo decir y decir que no me siento yo en casa ni con mis amigos ni sola, pero encontrar mi lugar es responsabilidad mía y de nadie más. Salgo del Duoc el próximo año y "Brunetting" todavía no se ha filmado. ¿Y qué? Tengo 21. Hace un par de semanas me sentía vieja y que se me acababa el tiempo. Hoy me doy cuenta que soy practicamente una guagua. He aprendido mucho pero no lo suficiente como para jugar las cartas sola. Necesito ayuda. Lo dije, ¿y qué?

Este viaje interminable por alcanzar la felicidad tiene mucha ingenuidad. No creo en la felicidad plena y total. Siempre va a haber algo. Y si un pedacito de mí ya está feliz, ¿para qué quiero más? ¿Por qué me sigo quejando cuando ya avancé un paso? Ojalá tuviera la fuerza para rendirme y mandar todo a la mierda, pero sé que soy más inteligente que eso. Voy a seguir, un día a la vez, y aceptar las cosas como son. Ya no quiero quejarme por cosas que ni siquiera puedo explicar, me cansé de disculparme por ser como soy. Esta soy yo. Tengo el mundo a mis pies. Allá voy.

Canción de hoy: The Apples in Stereo - Go, Damien Rice - Toffee