martes, 10 de julio de 2007

De Película.

Una de mis películas favoritas es Almost Famous, de Cameron Crowe. Hoy escuchaba "Mona Lisas and Mad Hatters" de sir Elton John y me acordé de esa escena en el bus, en que la banda llega a la reconciliación con "Tiny Dancer" y no con un duelo de diálogos, como tantas otras películas lo han hecho.



Esta escena puede parecer ridícula e inverosímil, pero muchas veces tenemos momentos de película y no lo notamos. Como esa noche hace un par de veranos, cuando trabajé en el festival de Viña. La noche de premiación de la competencia internacional. Ahí estaban los héroes olvidados del festival, dispersos en el laberinto de escaleras del backstage de la Quinta, esperando a que la banda estrella de turno terminara su set. Argentinos, gringos, chilenos, y todos los que componían el elenco de la competencia internacional esperaban pacientemente a que los llamaran. Ni siquiera estaban enojados por el hecho que un artista invitado estuviera usando su tiempo. Para qué andamos con cosas, el Festival de Viña del Mar ya no es un espacio de competencia musical, sino una vitrina para que modelos argentinas muestren sus implantes nuevos y los seudo-famosos inventen dramas que les den más pantalla en los matinales.

Esperábamos mientras Myriam y Sergio hacían lo posible por calmar al monstruo, y para entretenernos nos pusimos a cantar. Como éramos de diferentes nacionalidades tuvimos que escoger canciones que no dejaran a los representantes gringos encogiéndose de hombros, por lo que recurrimos a territorio conocido: Los Beatles. Recorrimos gran parte de la discografía, y terminamos cantando "Hey, Jude." Ya no me quedaba voz después de los agotadores días y noches que había pasado en el festival, pero el momento era tan especial que no me quedaba otra opción que unirme al coro. Y ahí estábamos, entre toneladas de concreto, con los pegajosos escalones de goma bajo los pies, cantando "Hey, Jude." Todos sonreían y el eco de las voces le daba cierta solemnidad al momento. Cuando llegamos al gran final (na-na-na-na-na-na-na, na-na-na-na, Hey Jude) no podíamos ma´s de felicidad. Dejé de cantar por un segundo para absorber el momento y me acordé del propósito del festival. Celebrar la música. Por unos minutos me olvidé del cansancio, de los líos de Amalia Granata, del resentimiento de los de Mega y de los insoportables Andrés Baile y Chico Perez. Lo único que existía era la música.

Fue mi momento Almost Famous. Una perfecta escena de película en que el subtexto trasciende lo literal, y aunque no lo comentes con los otros actores sabes que todos están en la misma página. Existe una comprensión global de lo que está sucediendo, y eso es simplemente maravilloso.

3 comentarios:

Isabel dijo...

Esos momentos son los típicos que los profes te dirían " eso es inverosímil" y uno pone carita de: " a mi me ha pasado", cantando alguna vez con amigas que sabes que no volverás a ver; otras, hablando de esa manera pausada, metafórica y que con sólo mirar a la otra persona a los ojos, sabes lo que va a decir y solo acientes...por más cliché que parezca son los momentos en que uno saca la camarita mental (aunque prefiero la original) y lo atesora cual carta de amor.

Y aprovechando el comentario...lo del feminismo...creo que muchas veces se confunde la idea "pro-mina" a feminista, por ej. a mi me caen bien las niñas, aunque sean histéricas, sentimentales y todo eso, porque, pese a ese tílde de locas de patio, hay chiquillas que le llevan el pack completo - locura y habilosidad -por lo mismo las prefiero a la hora del trabajo, 12 años de vida estudiantil creo que uno logra entender el comportamiento femenino; pero...estoy absolutamente de acuerdo que cada género siga en lo suyo, qué mejor que el chiquillo te atienda y habra la puerta, nada más caballeroso.

Un Abrazo, mejor que sean dos.

SergioA dijo...

Cada cierto tiempo te leo y me gustan tus reflexiones, son realmente lúcidas. Esta sobre el feminismo me parece perfecta, excepto por lo de la puerta del auto. Esa es batalla perdida, ahora los hombres sabemos que tienen la inteligencia para abrirla y ya no lo haremos nosotros. Dame una razón para hacerlo que no sea el galanteo.
Eso de que tendrás que obligar a un hombre a casarte contigo me pareció enternecedor. Es el precio que tienes que pagar por tu libertad.

PD debería haber posteado más abajo pero no sé si lees los comentarios de posts antiguos.


saludos,
SergioA

Tu Desmadre dijo...

Se me pusieron los pelos de punta esa película es lo mejor!!