martes, 11 de septiembre de 2007

Coleccionando Momentos.

En vista que mi vida está privada de romance, he pasado largos minutos intentando recordar momentos que me puse roja de vergüenza y el estómago me saltara de alegría.

No he tenido muchos romances, pero con cada uno ha habido un momento especial. Siempre he creído que los hombres de mi vida sienten que los boté sin mayor remordimiento y que nunca pienso en ellos ni atesoro breves instantes que me dejaron loca. Esos momentos en que te sientes especial y deseada, tan necesarios para las mujeres.

Algunos cumplidos que nunca olvidaré: "Cuando te ríes así de fuerte (en el cine), me siento orgulloso de estar sentado al lado tuyo." "Me cautivaste." O ese cumplido que bien puede considerarse un insulto, "Lo que pasa es que eres una mujer inteligente, y eso asusta a los hombres."

Son cosas lindas, pero son sólo recuerdos. Y vuelvo al mismo lugar de siempre en el que me encuentro sola y escuchando justo lo que quería oir con 10 meses de retraso. La Gaby me comentó el otro día que estaba sola porque yo así lo quería. Lo medité, pensando que podría tener razón y que merecía entretener mi cabeza con esa opción, pero llegué a la conclusión que no; no estoy sola porque quiero. Estoy sola porque no sé dónde está el hombre para mí. No sé dónde buscarlo, no sé si ya se fue y la oprotunidad se perdió, o si - como dicen las chiquillas - el amor de mi vida o próxima conquista es un gringo TAN gringo que se llama Ted y masca tabaco.

Es tan natural como agotadora esta necesidad constante de otro ser humano que me abrace y me aguante. Ah, la palabra clave: aguante. Siempre me he considerado un cacho, y no dudo en decirlo en voz alta. Quizás eso intimide aún más que esa inteligencia que me adjudican. Esta in/seguridad vuelve y no se va nunca, y me destruye y carcome hasta dejarme en el suelo, agarrándome la guata y esperando que llegue una voz amiga que me haga ver lo tonta que estoy siendo. Esa dependencia de aliento no me deja avanzar, y es culpa mía. Porque no me creo el cuento, porque veo cosas que no están ahí, porque me siento mala persona, mala amiga, mala hija y mala hermana.

La vida es tan frágil y corta, e intento cambiar para que todos seamos felices, incluyéndome. Pero me cuesta. Tampoco esperaba que fuera fácil, pero bueno...

Recuerdo esas cosas lindas que me dijeron alguna vez, y cómo hoy no hay quien las diga. Tus familiares y amigos llenan espacios preciosos, pero una pareja llena otro reservado especialmente para él. Y ahí está, siempre vació. Cuando creo que llegó alguien que lo va a completar no pasa nada. No es el indicado, o yo no lo soy, o tal vez es el tiempo.

No espero que llegue alguien y que me haga feliz. Eso es pega mía. Pero se puede ser feliz sola hasta cierto punto. Llega un momento en que debes dar el siguiente paso y cubrir el siguiente nivel hasta lograr la plenitud.

Y, nada. Aquí estoy, esperando que vengas a sorprenderme.