viernes, 11 de abril de 2008

El Regreso del Delirio

Últimamente me siento inclinada a reflexionar sobre lo que significa ser mujer. Ya escribí sobre el feminismo (lo que me mereció felicitaciones de algunos y reproches de otros), y en esta ocasión me gustaría abordar el tema de la inteligencia emocional. Mucho se dice que las mujeres vivimos a pura emoción y que al contrario de los hombres - y como dice Chris Rock - no tenemos la necesidad de decir cosas con sentido.

Lo cierto es que me parece que somos todo lo contrario. El hombre va directo al objetivo; es lo que lo mueve. Las mujeres nos detenemos en el camino y abarcamos de todo, no porque "queremos sentir el proceso", sino porque queremos controlar hasta el más mínimo detalle de la travesía. O simplemente nos gustan los pastelitos que venden en el peaje.

Las mujeres somos poco espontáneas en algunas situaciones básicas. Una invitación a salir es un Taj Majal de complejas decisiones, diseño, latitudes y estrategias para mantener el equilibrio y el techo no se te venga abajo. Léase: tenemos claro qué ropa no queremos usar y la que nos puede dar mejores resultados con el galán de turno. Verán, hay ropa regalona. Esa polera o blusa que hace que te sientas mina en el peor de tus días. Un poco basado en la teoría del disfraz Shakespeariana; en el disfraz - y la identidad secreta - está el poder. Pero no es sólo externo. Sabemos cómo vamos a saludar al tipo que nos viene a buscar. Antes de siquiera verlo ya sabemos hasta dónde vamos a llegar esa noche. Y te pasan a buscar, el plan sigue su curso tal y como lo habías pensado horas antes, y te sientes tan confiada que te atreves a ser espontánea y tirar un par de tallas subidas de tono. La noche va perfecta. Un plan digno de la CIA. Todo es racional excepto el buen rato que estás pasando.

Hasta que entras a la discoteque y te das cuenta que hay una mina más rica que tú usando la misma polera.

AHÍ la cosa se pone emocional.

Hay que abortar el plan, y todo el progreso logrado hasta el momento palidece al lado de esa maldita golfa de puerto que se ve mejor que tú - y que posiblemente tu cita aún no ha visto, y en una de esas ni siquiera le gusta la mina y le encuentra cara de chana. Pero lo que piense el hombre no importa tanto, porque sabemos perfectamente que un hombre no distingue distintas gamas de rosado o blanco y cree que "todo te queda bien", exceptuando obviamente los calzones de abuela.

Entonces, ¿para qué molestarse con tantos detalles que nunca serán reconocidos independientemente, sino como un paquete completo? Porque al final esos pequeños detalles, como el hecho de que tu zapatilla combine con tu chaleco y tus pulseras hagan juego con la polera, van a ser notados por nuestras pares. Sí, las mujeres nos arreglamos para otras mujeres, lo que no es nada nuevo, lo sé. Entonces no es tanto inteligencia emocional, sino competencia emocional--in-your-face, bitch.

Por eso da rabia cuando nos topamos con otra que anda igual que uno, y que para peor te ojea al mino. No estoy diciendo que no existe compañerismo entre las mujeres, porque somos del mismo equipo y al fin y al cabo todas estaríamos casadas con la mejor amiga si no nos gustaran los hombres. No porque pasaríamos la noche haciéndonos trenzas en el pelo, sino porque entre mujeres nos entendemos. Y nos aguantamos. Y ese aguante que no lo es tanto, porque en el camino salen peleas idiotas y reproches disfrazados de talla – además de la infaltable y silenciosa lucha por el mismo galán – es algo que hay que valorar, porque por muchas cosas que tengamos en contra la una de la otra somos las únicas que sabemos realmente lo que significa ser mujer, y lo mucho que irrita y ENCHUCHA cuando te dicen "pero tranquila" cuando una está de lo más tranquila tratando de tener un debate de adultos, y lo que molesta que cualquier desacuerdo o alza de voz sea adjudicado a hormonas o a esa época del mes, y que piensen que porque eres mujer no puedes ser graciosa, o que les extrañe verte comer como heliogábalo, y que te cuelguen etiquetas como "fácil" o "desesperada" por cosas que los hombres instauraron, y por todos los malditos doble estándares que hay en esta sociedad.

Y SÍ, ESTOY TRANQUILA ¿YA? AAAAAARRRRGHHHH!!!!

(Nota: Sofía fue a llorar al baño, sollozó la frase "nadie me entiende" un par de veces y prosiguió a sacarse fotos llorando)

Al final nunca sabes qué lado va a aflorar, si el racional o el emocional. Creo que el primero florece cuando estás con tus amigas, y el segundo como reacción a la interacción con los hombres. Sí, he podido ser intelectual con amigos hombres, pero al final a una igual le florece lo coqueta sin que nos demos cuenta. Y eso, lo queramos o no, sigue siendo parte del plan: hacerte lo más atractiva posible siendo tú misma.

No sé quiénes ni cuántos se podrán identificar con este post. La pieza sobre el feminismo me costó la fidelidad de algunas lectoras. Tal vez el post del feminismo fue un plan... Sí, un plan que se ideó para acaparar simpatía masculina y tal vez sacar un pinche por ahí, porque todo lo que posteo aquí, cada entrada y comentario es una pieza de un puzzle muy complejo y que he estado planeando desde que inicié este blog. Si todo resulta como quiero me apoderaré de los medios de comunicación, me saludarán en la calle y seré la primera dictadora mundial que se radicará en Guayana Francesa. Sólo para comprobar que realmente es un país. UN PAÍS PARA SOFÍA.

Muajajajaja!