lunes, 28 de julio de 2008

La Otra Educación

Hay películas que son reconocidas mundialmente como buenas o las mejores de la historia. Ciudadano Kane, El Padrino I & II, Casablanca, etc... También están las que son para chicos. Scarface, nuevamente El Padrino, o cualquier película donde Al Pacino esté en un baño de sangre. Pero están las películas para mujeres, escritas por hombres a veces, que sólo nosotras logramos apreciar. Va más allá del protagonista guapo o de la banda sonora. Son esas películas en las que las féminas nos olvidamos de nuestras diferencias y de nuestro afán de competir entre nosotras para unirnos en adoración y deshacernos en elogios por una película. Son películas que podemos citar, o que tienen bandas sonoras que hemos memorizado, o que tienen esa prenda de ropa que siempre quisimos tener.

A continuación, las películas que me han marcado.

1 - Dirty Dancing.

No puedo escribir un guión con un personaje femenino sin sacar esta película a tapete. Dirty Dancing es Duro de Matar para mujeres. Así de simple. No sé si es porque Patrick Swayze actúa como galán rudo pero sensible (tan sensible que se queja porque las mujeres lo usan -- ¿qué hombre hace eso? - o por la música cincuentera que es una de mis grandes debilidades, o por la pareja principal: la chica insegura hijita de papá media feona con el manso macho, pero algo tiene esta película que la hace tema obligado entre mujeres. Y no es tan liviana como aparenta serlo. Trata temas como el aborto. O sea, eso es HEAVY, galla. Y el papá, que se veía tan estricto pero amable, que hace lo que ningún otro hombre hace: admitir que se equivocó. "Cuando me equivoco digo que estuve mal," le dice a Johnny. Y la película tiene otros problemas de credibilidad. "I've had the time of my life" es evidentemente una canción ochentera, pero la usan aquí para la gran escena final ("nobody puts Baby on a corner") y uno no lo discute. Lo acepta y lo disfruta.


2- Sirenas.

Esta película fue un gran fracaso, pero es una película que puedo ver una y otra vez. Cher, Winona, y los sesentas. Y Joe el jardinero guapo. Y Cristina Ricci obsesionada con el agua. Pelos grandes, música choriflai, drama de madre e hija. Una adolescente que se quiere rebelar, pero que lo hace de la manera más inusual: con la religión. Cuando Cher sorprende a Winona rezando le dice a la pasada, "Charlotte, somos judías" y sigue su camino como si nada. Luego Winona entiende que para vencer a su madre debe convertirse en ella. Es como "El Regreso del Jedi:" Luke se convierte en su padre para vencerlo. Se entrega a sus impulsos oscuros y le saca la cresta a Vader en la Estrella de la Muerte luego de que su padre/Robocop le dice que si él no se convierte al lado oscuro Leia lo hará. En "Sirenas" es casi lo mismo, sólo que Winona le roba la ropa a Cher y se pinta como bataclana. Star Wars para mujeres. Además, algo tiene Winona...


3- Sleepless in Seattle/Sintonía de Amor.

Esta película es DEMASIADO para minas. Nora Ephron + Tom Hanks + Meg Ryan + niño precoz + amiga de niño precoz que usa siglas para todo + referencia a "Algo Para Recordar" = pandemonio hormonal con lápiz labial y sostén push-up. La gracia de esta película es que no se va en contra de los hombres, sino que se burla incansablemente de la hipersensibilidad femenina y de nuestra debilidad por el romance, lo que la hace más soportable para aquel pobre infeliz que se sienta con nosotros a ver esta película. Además, cuenta con una de las mejores escenas del cine de los noventa. Es la escena que además te enseña a ver películas para mujeres. Es... brillante. El Padrino, más bien (y me perdonan lo fácil de la broma) La Madrina.


4- La Boda de Mi Mejor Amigo

Podríamos decir que es Julia Roberts, Dylan McDermot, Rupert Everett, una Cameron Díaz encantadora y chillona (una combinación absolutamente imposible pero que le resulta a ella) o la cantidad de canciones - de hecho, esta película tiene tantas canciones y/o números musicales que podría considerarse un musical - los que hacen de esta película un nuevo clásico. Está el karaoke, el baile en el bote, el baile en la fiesta del matrimonio, y por supuesto, la escena que explica por sí misma por qué nos gusta tanto esta película. El único equivalente masculino o de cine clásico que se me ocurre para esta película es Casablanca, pero tampoco es tan buena ni el guión tan genial como la historia de Rick, así que no la voy a comparar con nada. Aquí los dejo, y sóbense los ovarios.

jueves, 24 de julio de 2008

Agenda Semanal

Esta mina la lleva. Es como el chacotero sentimental, solo que al final no te quedas con una tremenda cuenta telefónica y en lugar de escuchar "consejos" del Rumpy, te hace un soundtrack sobre tu problema/historia. Tengo un cyber-crush. MissBitch.

Esta página me da ganas de haber vivido toda mi pubertad - y no sólo el comienzo - en los 90. CasettesDeMiEx.

Críticos de cine. No siempre estoy de acuerdo con lo que dicen, pero es una muy buena propuesta. Spill.

Hay veces en que la gente no "sabe" usar comillas. Sólo para los que entienden inglés, y para los que no también. Comillas

Más claro que el agua. Y tiernamente gracioso. Conejitos.

Pajiba siempre sabe lo que nuestras entrepiernas quieren. Sexy, sexy, sexy.

Banksy. ¿Desenmascarado? Times.

Muchos mp3s. Rarezas. No se pierdan la selección de canciones cristianas. Porque todos sabemos que si los gringos son cowboys por Jesús, en Chile somos huasos por el flaco de arriba. April W.

No entiendo mucho a esos nuevos cristianos. Es obviamente una religión inventada por los gringos. Se supone que uno "nace nuevamente" cuando se convierte a ese cristianismo. Y ya es suficientemente difícil tratar de entender y de hacer las paces con la Iglesia Católica. ¿Ahora me vienen con una religión - rama de cristianismo - en la que no creen en María? ¿Qué clase de religión es esa? María la lleva, seas creyente o no. Es la Tina Fey del catolicismo.

Y esta es Tina Fey.

martes, 22 de julio de 2008

Barómetro Interpersonal

como todo el mundo tengo momentos en los que la cosa no se da con ciertas personas. Y no me refiero a nada ultra personal, como una relación amorosa, sino a esas relaciones con gente que vemos día a día o de vez en cuando. Todo está bien hasta que se asoma esa sensación de que algo no está bien. Algunos lo miden con las miradas que les llegan, con los silencios incómodos, con esos comentarios medios pesados que algo esconden... En fin, hay tantas señales.

Lo admito: me cuesta manejar momentos difíciles. Por lo general estoy en buenos términos con la gente que conozco, así que cuando comienzo a escuchar ese "oh-oh..." que señala que algo cambió me empiezo a poner nerviosa. Ni tan nerviosa, pero sí tensa. Incómoda. Me siento impotente porque no quiero estar en mala con nadie, por muy utópico que suene. Pero hay un factor que tengo en común con todas esas personas y que se ha mantenido con los años, y es cuando ese factor está ausente que comienzan a sonar las alarmas en mi cabeza.

La risa.

Siempre me he considerado una persona que puede hacer reír, no sé si de lo que digo o si se burlan de mí. Pero no sé; es algo que tengo y que se adapta a las personas y situaciones en las que me encuentro. Es raro admitirlo porque puedo sonar arrogante, pero es algo que está presente hoy y lo ha estado desde que tengo uso de razón. Es como un regalo al que le saco el jugo y lo ordeño y lo cosecho y lo proceso y lo mando en containers para todas partes. Si no logro hacer reír a alguien a quien en lo cotidiano no resulta difícil sacarle una sonrisa es porque algo anda muy mal. Tampoco espero decir cosas graciosas siempre porque, después de todo, la vida no es TAN divertida, pero sé que de cinco tallas que me tiro por lo menos una merece una carcajada. Y si no se escucha nada es porque la cosa anda mal.

Si luego de un tiempo las risas vuelven me relajo y el ambiente se vuelve más sostenible. Vuelvo al modo normal, y vuelven las tallas, las ironías, el sarcasmo, el humor negro y las observaciones del tipo Seinfeld. A veces es una meta que me impongo. Cada vez que conozco a alguien tengo que hacerlo reír o por lo menos cambiarle la cara de poto aunque sea por unos segundos. No sé. Tal vez me acostumbré a ver tanta sonrisa y escuchar tanta carcajada que me resulta extraño ver a la gente muy seria.

La falta de risa es mi bandera roja. ¿Cuál es la de ustedes?

Y para terminar, algo muy choriflai.