miércoles, 24 de septiembre de 2008

¡Está Viva!

NOTA: Esta columna la escribí en marzo de 2007 para una revista electrónica. La comparto con ustedes y espero escuchar su opinión: ¿estamos viviendo la nueva era? ¿Nueva era de qué? Lean y lo sabrán.

El siglo XXI comenzó con Britney sonando en las radios, luego Justin y finalmente Kevin Federline. Creo que la primera década de este siglo puede ser trazada con estos tres personajes. Partimos con el renacimiento del pop basura. Ese repetitivo con minas rubias que se la pasan en el solarium y que no han cantado una nota en vivo desde que se dieron cuenta que no necesitan talento para trabajar.

Luego vino la reivindicación del ex 'boy-bander' con un buen disco que emulaba a Michael Jackson (cuando era artista) y que no temía en mezclar ritmos. Mucho creían que finalmente había llegado el pop bueno, el que tenía verdaderos productores detrás de los nuevos discos. Pharrell se convirtió en el nuevo 'it boy' entre músicos, y pudo sacar varios cortes bastante decentes para diferentes artistas. Justo cuando creíamos que la música se estaba volviendo MÚSICA, nos golpeamos contra la pared para darnos cuenta que no; todo era un espejismo. Volvimos al pop basura, que traía consigo un nuevo género: el rap basura. Todos creen que pueden ser raperos, y no hablo sólo por K-Fed, sino por todos aquellos tipos que hacen el mismo video una y otra vez: pieles, champaña Crystal, fajos de billetes y mujeres menando todo para el lente.

Al parecer, la música en el nuevo siglo sería una seguidilla de comienzos en falso y círculos viciosos de mediocridad artística. "Todo sea por el dinero," parecía ser el lema. No se avistaba a nadie que pudiera sorprender, tanto por música y estilo, como Björk lo hizo en los noventas. Outkast dio indicios de un cambio con su mega-ultra-super éxito "Hey ya," y todos creímos que se venía la nueva música, esa que revolucionaría la industria. El single era casi futurista, y literalmente lo fue al ser creado años antes. Su autor, André 3000, decidió guardarlo para más adelante porque sabía que el mundo no estaba preparado para su canción. Sabiamente dejó pasar los años, y cuando finalmente salió a la luz, se convirtió en la canción más importante del año 2003. Pero luego de eso no pasó mucho.

Parecían ser los años del rock. Vinieron los británicos Coldplay, que encontraron un sonido entre U2 y Radiohead y fueron la gran sensación. Lamentablemente – y esto es sólo una opinión – sus siguientes dos discos no pudieron superar al clásico Parachutes, a pesar de que los nuevos cuentan con un sonido más propio. Con Coldplay se dieron a conocer más bandas del mismo género que rondaban el círculo independiente como Keane, Snow Patrol, Athlete y tantas más que las series de televisión han usado hasta el cansancio.

Los Black Eyed Peas nos hicieron creer que traían el nuevo gran sonido. No es una banda que me guste mucho, pero es evidente que lo que hacen es nuevo y fresco, pero para ser revolucionario la ecuación debe incluir sonido y contenido. Los Black Eyed Peas comenzaron su carrera con la conciliadora "Where’s the love?" y cuando tuvieron sus millones se dedicaron a cantar sobre minas, sexo y 'gangstas' como todos los demás en la escena hip-hop/soul/r&b de EEUU. Más de lo mismo. Luego descubrí a los islándicos Sigur Rós. Sonaban diferente a los demás, tanto que me parecen inclasificables. Pero seamos honestos: no es una banda que escucharás en un carrete, es más bien de esas bandas para escuchar música solo o para usar en una banda sonora.

Y así, mientras pensaba en los seudo-hits musicales de los últimos años y resignada a que ya lo había escuchado todo, como por arte de magia oí las primeras palabras del himno (porque ya no es sólo una canción) de lo que a mi parecer es parte de 'la nueva era' de la música:

I remember when, I remember, I remember when I lost my mind...

La primera vez que escuché "Crazy" de Gnarls Barkley se me iluminó la cara y por alguna razón - que más adelante comprendí – me invadió una sensación de paz. Si mis oídos no me engañaban, estaba escuchando un sonido absolutamente original que no deja a nadie indiferente. No tiene que gustarte para reconocerlo. Gnarls Barkley trae algo nuevo. Lo curioso es que Cee-Lo Green (quien, lamento decirlo, se llama Thomas DeCarlo Callaway), cantante de la banda, ya tiene una carrera como rapero (y una hija insoportablemente ególatra que salió en un episodio de "Mis Dulces 16" en MTV) y es de los pocos artistas que ha logrado tener una carrera como rapero y cantante. La otra mitad del dúo, Danger Mouse (Brian Joseph Burton) es un productor que se hizo conocido al mezclar el Álbum Blanco de los Beatles con el Álbum Negro de Jay-Z para crear (obviamente) el Álbum Gris. También trabajó en el segundo disco de Gorillaz y luego con Cee-Lo para crear Gnarls Barkley.

Lo prometedor de esta colaboración es que todas las canciones del increíblemente exitoso St. Elsewhere comparten la novedad y frescura que nos prometieron con Crazy. Hay que ver si sus próximos discos continuarán la tendencia, pero queda tiempo para eso. Aún estamos digiriendo St. Elsehwere. El disco ha sido altamente elogiado y se ha llevado muchos premios. En una de estas ocasiones, mientras Cee-Lo recibía un premio, dijo: "Gracias por dejar que exista una canción como 'Crazy.'" Esta canción hizo que me diera cuenta que aún me pueden sorprender, que la música no había llegado a su fin. Llámenme exagerada, pero creo firmemente que este disco representa un cambio en la manera de producir música, tanto por tecnicismos como por las ambiciones del artista.

Al final del día cualquiera puede sacar un single. La tarea difícil es que ese single se distinga de entre los millones que salen cada año y logre dejar una marca dondequiera que sea escuchado, ya sea en Londres o en Santiago de Chile.

Buen cover de Ray LaMontagne

jueves, 4 de septiembre de 2008

Una Tarea Difícil

Es fácil ser humano, pero no así ser persona. O tal vez la cosa tiene más sentido si la planteo al revés. Es fácil ser persona y más difícil ser humano. Depende cómo veamos los dos términos. Al final lo que quiero plantear no va mucho con terminologías sino que apunta más al contexto. Lo que quiero discutir es lo reacios que podemos ser cuando se trata de ser buenos.

Creo que todo comienza con la distinción entre lo que es bueno y lo que es malo. ¿Qué es el bien? La definición que siempre he tenido es “aquello a lo que las cosas tienden.” Pero las cosas no siempre salen bien, por lo que podríamos decir que no es culpa de “las cosas” que los resultados sean negativos, sino de quiénes estamos detrás de ellas. Las personas no tendemos al bien, mejor dicho, no siempre queremos tender al bien. Una vez que desarrollamos conciencia y criterio y tenemos seguridad sobre lo que aporta y lo que daña ya no hay vuelta atrás. Claro, podemos obrar mal, pero lo hicimos a sabiendas que no era lo correcto.

¿Por qué cuesta tanto ser bueno?

Sabemos que mentir es malo. En lo personal intento no hacerlo. Incluso con las mentiras blancas. Intento evitarlas a toda costa. ¿Por qué? No porque tengo temor de un poder superior o porque espero una recompensa, sino porque creo firmemente (y aunque suene denso) que la mentira o cualquier otro elemento negativo entorpece el engrandecimiento del ser. Quiero ser buena persona. Y no creo que sea un impedimento en una etapa tan temprana en mi vida, como mucha gente cree. “Eres joven; pásalo bien.” Pero yo lo paso bien tratando de ser buena. Y no me estoy tirando flores; sólo estoy diciendo una realidad en mi vida. Tampoco digo que soy buena, estoy diciendo que intento serlo. Tener integridad.

Una vez que tenemos la intención de obrar bien viene algo aún más complicado: tratar de esparcir la filosofía del hacer bien las cosas para ser mejores personas. No se trata de pararse arriba de una caja y dar largos discursos, sino de intervenir cuando detectamos que alguien no ve bien las líneas que separan el egoísmo del bien común. Pero más que interrumpir e instruir, se trata de dar el ejemplo. Es la manera más efectiva de aprender y enseñar, porque aunque no lo crean, la gente es muy observadora.

¿Cómo hacer para que todos seamos buenos, o al menos intentemos serlo? ¿Cómo hacer que se valoren las relaciones humanas y dejemos de ignorar los sentimientos del resto? ¿Cómo aplicar el equilibrio de Nash a la humanidad (hacer lo que es mejor para uno y para el grupo)?

Entre tanta pregunta sólo veo una respuesta: ponerse las pilas y hacer algo del estilo de “Cadena de Favores.” Repetir algo que hemos visto y que se esparza por todo el mundo. Suena tan utópico, no por lo cursi, sino porque vivimos en un mundo donde nadie tiene la verdad absoluta y todos tenemos voz y los medios para plantear nuestras propias teorías. Así como lo hago ahora mediante este blog.

Creo que los valores están retorcidos. El ingenio es ahora pillería, y la pillería es literalmente robo. Un cajero automático mal cargado. En el compartimento de los billetes de $1.000 hay sólo Gabrielas (para los extranjeros, Gabriela Mistral aparece en el billete de $5.000) y de las 200 ó 300 personas que utilizaron ese cajero (y creo que fueron muchas más) solo 50 devolvieron el dinero extra. Un euro es igual a la nueva moneda de $100. ¿Qué hacer, entonces? Usar teléfonos públicos en España utilizando monedas chilenas, gastando así un mínimo porcentaje del verdadero valor de una llamada. Saltarse la barrera del Metro. No pagar la micro. "Es una protesta contra el TranSantiago." Mentira; es robo. Estamos siendo más ladrones e insultantes que este gobierno de mierda. "La pillería del chileno." Esa pillería, si me lo permiten, me da vergüenza. Son todos unos estafadores. Porque todos los "pillos" que hacen sus "pillerías" por ahí nos están dejando mal al resto. Ya es suficiente con ser considerado un país tercermundista con desigualdades descomunales. ¿Es necesario agregarle "ladrones" a esas impresiones?

No seamos mediocres. Demos el 100%. Seamos buenos, seamos honestos, no le tengamos miedo a la vulnerabilidad. Seamos la generación que le levante el pelo al país.

¿Por qué es tán difícil ser bueno?

martes, 2 de septiembre de 2008

Mala Película - Buena Canción

Como suele suceder en la vida y en el cine, hay veces que una actuación es mejor que la película entera (Daniel Day Lewis en Petróleo Sangriento, por ejemplo) o que algún otro aspecto sobresale más que el producto final (fotografía, vestuario, guión, banda sonora.) Obviamente me concentraré en la música, y partiremos de manera suave, sólo 3 por el momento. Me encantaría que ustedes me dijeran una película que no les gustó tanto pero que tiene una canción para recordar. Y pierdan la vergüenza, miren que todos tenemos algún placer culpable. Como decir que de estas 3 películas que elegí las dos primeras están dentro de mis favoritas, y si las pillo en el cable, las dejo.

Las tres que elegí son:

Película: Life as a House
Ranking de aprobación en Rotten Tomatoes: 46%
Canción: What You Wish For, de Guster.
Dato Pop: el perro que sale en la película se llama Guster en honor a la banda.


Película: Grandes Esperanzas
Ranking de aprobación en Rotten Tomatoes: 38%
Canción: Siren, de Tori Amos.
Dato Pop: Tori hizo la banda sonora de la película, incluyendo "Kissing In The Rain" que suena de fondo en esa preciosa toma eterna en que Ethan y Gwyneth se Kissean In The Rain.


Película: The Last Kiss
Ranking de aprobación en Rotten Tomatoes: 46%
Canción: Paperweight, de Joshua Radin y Schuyler Fisk
Dato Pop: la canción está incluída en la banda sonora de la película pero nunca aparece en pantalla. Ah, ¿mencioné que la película es mala del verbo mala?
Nota: El video no tiene nada que ver con la canción, pero es el único que encontré en versión estudio y no en vivo.

lunes, 1 de septiembre de 2008

Ehhh....

Hace un mes hice algo que siempre he querido hacer.

Me. Compré. Una. Guitarra.

Se llama Mae West. Bautizarla fue fácil. Lo complicado es aprender a tocar.

Lorea!!!