domingo, 28 de diciembre de 2008

Buh-Bye

Y se va el 2008, queridos. Un año interesante para mí, de eso no cabe duda, por razones que ya saben y otras que prefiero no comentar aún. Lo mejor sin duda fue

1) Mis sobrinos nuevos, un hombre y una mujer (¡la primera!)
2) Haber terminado con Chileno Choro. Ahora sólo queda la titulación.
3) La guitarra.
4) Mi comadre. La pongo al final porque así me explayo. Ejem.

Desde hace años que no tenía mejor amiga. He tenido GRANDES amigas en las que confío 100%, pero hace mucho que no tenía una que fuera mi persona, y que yo fuera la persona de ella. Honestamente, no me pasaba desde séptimo básico, pero a esa edad se comparten otras cosas. Hoy es distinto. Estamos más grandes, un poco más cínicas pero aún algo ilusas; con más carrete (en todas sus versiones) y en control de nuestra vida. Lo que pase de ahora en adelante es responsabilidad de nosotros. Yo elijo a mi gente. Y la elegí a ella. Nos lo hemos carreteado, conversado, llorado y reído todo. Ella ha estado ahí para mí y yo para ella.

Ahora se me fue por un tiempo, tal vez largo, tal vez corto; todo depende. Eso sí que no está en nuestras manos. Cuando supe que tenía que partir me bajó una pena negra y lloré como contratada. No lloraba de esa manera desde hace meses, en los funerales de mi tía y de mi tío abuelo. Pero supe que mi amiga del alma se iba temporalmente y se me partió el corazón. Más allá de los planes que teníamos para el verano, me entristecía saber que ella debía hacer algo con lo que tengo sentimientos encontrados. Me carga ver su foto en el diario o escuchar lo que la prensa dice de ella, y con lo que se viene ahora voy a tener que desarrollar cuero de chancho. Está bien, es lo que corresponde. Más que la distancia y la ausencia estaba el temor al cambio. ¿Qué va a pasar cuando vuelva? ¿Será todo como antes? ¿Seguirá la confianza de siempre? ¿Seguiré contando con ella sin importar lo que pase? ¿Será incómodo? Son cientos de dudas de mierda que me dejaron destrozada.

Pero no todo fue tan terrible. Anoche, cuando nos despedimos, la acompañé al auto y nos abrazamos por un largo rato. Pensé que iba a llorar, pero no pasó nada; me controlé. Mientras veía que su auto se alejaba y mientras subía a mi departamento me di cuenta que mi pena era sólo por su ausencia y no por lo que podía pasar mientras estuviera lejos. Diga lo que diga o haga lo que haga durante el encierro me tienen sin cuidado, porque nada de lo que pase va a cambiar mi opinión de ella. No me va a decepcionar. El carácter no se encuentra en una situación forzada y con 40 cámaras siguiéndote para todas partes. El carácter lo encuentras en la vida cotidiana, y mi comadre sí que tiene carácter. Espero que le vaya bien.