domingo, 13 de diciembre de 2009

Aquí vamos de nuevo...

Se dice de Arrate:
Que es extremista, que es divisorio, que andaba de metralleta, que un voto para él es un voto perdido, que es resentido, que no representa progreso.

Se dice de Frei:
Que no tiene carisma, que es lo mismo de siempre, que es simplista y populista para sus argumentos, que es un vendido por aliarse con partidos que difieren en puntos importantes del suyo, que ya tuvo su oportunidad, que la Concertación le paga viajes a los exiliados para que vengan a votar por él y luego vuelvan a Europa, que nadie le cree.

Se dice de Piñera:
Que es cabrón, que dirige sus empresas como patrón de fundo, que tiene un carácter terrible, que es un burgués que no entiende las necesidades de los pobres, que hace negocios de manera sucia, que se va a robar todo.

Se dice de ME-O:
Que no tiene experiencia, que predica un cambio pero a la hora de los hechos sigue siendo como cualquier otro político, que jalaba como loco, que no pagaba los sueldos a los empleados de su productora, que apoya a Hugo Chávez, que es desordenado, que no se la va a poder, que todavía es sólo una promesa.

Una gran lección que aprendí en una película es siempre poner al individuo antes de sus actos. Algunos pueden pensar que nuestros actos nos definen como personas, pero eso deja afuera tantas instancias en que cometemos errores y aprendemos de ellos. Algo me dice que los chilenos comienzan a ver las cosas de manera más realista. Están poniendo al individuo antes que sus actos. Es la única explicación que encuentro al ver que Bachelet tiene una aprobación histórica, y que el candidato de su equipo apenas sacó el 29% de los votos.

¿Estamos votando por personas?

¿Qué necesita Chile en este momento? La verdad es que estoy agotada de este país sin memoria. Y ya ni siquiera se trata de los casos de corrupción que fueron destapados durante el gobierno de Bachelet (la pobre pagó por todos los pecados de Lagos. ¿Y Lagos? Con esa arrogancia que lo caracteriza se hace el desentendido, por supuesto), ni de los candidatos de la Concertación que proponen cambios cuando ya llevan 20 años en el gobierno. Creo que la Concertación ha tenido grandes aciertos así como ha cometido errores sin perdón, pero eso es parte de la política. No existen los gobiernos perfectos, y siempre existirán políticos corruptos, así como personas que realmente quieren lo mejor para el país.

Y eso es algo que he visto en los cuatro candidatos presidenciales. Los cuatro manifiestan un gran amor por Chile y un gran interés por mejorar las cosas. Cada uno a su manera y en sus propias palabras. Tuvimos una carrera presidencial de patriotas. Media fome la carrera, pero patriota al fin y al cabo.

Si me preguntan qué creo que es lo ideal para el país, para MI país, Chile, diría que necesitamos alternancia en el poder. Llevamos casi veinte años con las mismas personas en el gobierno, siendo todas las figuras elegidas democráticamente (por lo mismo me ahorraré comparaciones con la longevidad de la dictadura porque no van a lugar; ese fue un gobierno impuesto, el que le siguió fue democrático). No creo que existan personas intrínsicamente MALAS en el gobierno. Sí creo que el poder a ratos ciega y que con el tiempo se pierde de vista el norte. Jamás pondría en duda las intenciones de Aylwin, Frei, Lagos y Bachelet. Sé que querían lo mejor para el país, pero a ratos la política parece pelea de cabros chicos y a uno se le olvida que están trabajando para Chile y que prefieren cagarse al que juega del otro lado de la cancha.

Ahora pasamos a segunda vuelta con dos figuras gastadas. Votar por Frei hoy no es lo mismo que votar por él el 93, así como votar por Piñera no es lo mismo que hace 4 años. Pero no hay nadie más. No hay más figuras. Los viejos rostros de la política están empecinados en mantener su estatus, dificultando la aparición de gente nueva, que tal vez va a proponer las mismas ideas de siempre, pero al menos le darán aire fresco a su discurso.

Por un momento pensé que ME-O podría ser el rostro del cambio, pero un verdadero cambio que va más allá de partidos políticos. Un cambio de actitud y de la manera de hacer política en Chile. Lo observé durante la campaña y con mucho pesar me di cuenta que es imposible desasociarlo del pasado de este país. Siempre será asociado con su padre, el exilio, y un pasado que hasta el día de hoy nos polariza. Pero eso no es un defecto suyo. Si mi padre hubira sido asesinado yo también cargaría su bandera con mucho orgullo. Pero creo que para ser un rostro de cambio necesitamos a alguien que no venga con esa carga. Alguien que no sea familiar de un político, que no haya sido prominente durante la UP o la dictadura, que inspire a la gente con su optimismo, ideas, y novedad.

Pero no tenemos a ese candidato aún. Tenemos a Frei y Piñera. Ambos con experiencia, ambos sin mayor novedad. Sea quien sea el elegido, espero sinceramente que sea para el beneficio del país.

viernes, 30 de octubre de 2009

¿Te conozco...?

En la vida de todo veinteañero (y todas las edades que le siguen) llega un momento en que te desdoblas, tomas un poco de distancia, giras, y te ves. Siguen siendo tus ojos, pero son ojos nuevos, ojos de un extraño que nos parece sospechosamente familiar. Es alguien que te conoce a la perfección, pero que se sorprende cuando te ve. Es en estos momentos cuando nos damos cuenta de quiénes somos realmente.

Este año me la he pasado a dos cabezas, y la experiencia ha sido buena. Rara, pero buena. Es como cuando te encuentran IGUAL pero IGUAL a alguien y como que te ofendes y pones cara de, "eh... ¿en serio piensan que me veo así? Y yo que me juraba de nariz respingada..." Pero también es gracioso, porque cuando identificas un comportamiento, más bien, un patrón, miras para atrás y te das cuenta que no es algo novedoso, sino que muchas veces es algo que traes desde la infancia.

El otro día hablaba con una amiga sobre esto de verse desde afuera, y no sé por qué me acordaba de cuando éramos chicas y éramos yuntas, partners, comadres de 13 años. Éramos amigas de antes pero fuimos mejores amigas por un par de meses; de esas Súper Amistades Express que son intensas y que a la larga una de las dos se satura y hasta ahí no más llegamos siendo pareja en gimnasia. Luego me acordé de otra amiga que tuve en Kinder. Éramos comadres de 5 años, siempre íbamos a la casa de la otra los fines de semana y mi maleta heredada de Barbies era la diversión máxima. Una Súper Amistad Express que dura hasta que revuelven los cursos y ya no te puedes sentar al lado de tu mejor amiga, perdiéndote grandes eventos de la vida en la sala, como cuando la alumna mamona se hizo pipí en clases y luego vomitó porque extrañaba a su mamá. Y tu partner ya no está ahí para comentarlo. Y para qué andamos con cosas; el déficit atencional a los 5 años es más fértil que toda mi familia junta.

Llegó la pubertad y luego la adultez incipiente y me sorprendí al ver que me costaba mucho que me gustara alguien. Mis amigas pasaban encantadas, algunas hasta enamoradas, y a mí siempre me costó un poquito más. Debo haber escrito el nombre de un niño en mi cuaderno porque yo sentía que me gustaba, pero no mucho más que eso. Y cuando finalmente ocurría el milagro, nunca llegaba a nada y terminaba insatisfecha. Me encantaba con alguien y sentía que me gustaba muchísimo pero no llegaba más allá. Se me repetía el patrón, y varias veces pensé que no sabía elegir hombres y que tenía muy mal ojo.

¿Qué tienen en común todas estas personas? Son todas emocionalmente complicadas, es decir, típica gente que el resto mira y dice "lo/a encuentro medio raro/a", y cuestionan tu interés por ellos/as. ¿De dónde nace el interés por esas personas tan complejas, teniendo a tantas otras personas menos complicadas absolutamente disponibles para mí?

Muy simple: en el desafío.

Soy adicta a los desafíos. Me encantan los juegos de ingenio, los obstáculos; todo lo que haga que te detengas y dediques toda tu atención a algo para lograr un objetivo. Me es difícil encontrar desafíos intelectuales, y no lo digo porque me considere un genio ni nada por el estilo. Disfruto de las cosas simples de la vida, pero no me permito tener un intelecto ordinario. Me gusta saber todo, y si me dedicara a perseguir todos mis desafíos intelectuales tengo la leve sospecha de que nunca dejaría de ir a la universidad y tendría más diplomas que mi padre. Tampoco quiero decir que la gente que me rodea me aburre. Muy por el contrario; sostenemos debates interesantes y muy entretenidos, y podemos pasar horas riéndonos y pasándolo bien. Pero cuando conozco a alguien emocionalmente complicado el interés se apodera de mí y mi único objetivo es lograr que cedan conmigo. Y no es tanto por bondad, o por tener un interés en que la persona descubra que hay gente buena en el mundo y que no hay nada de malo en confiar. Mi búsqueda, mi objetivo con esas personas, nace de mi ego. Insisto e insisto, hago cosas que no haría por aquellos que no se hacen de rogar, y cuando finalmente llegamos al punto en que esa persona se siente segura conmigo y es libre de confiar en mí, llevo ese conocimiento como trofeo de guerra. ¿Quién le dobló la mano? Este pechito.

Y así me la he pasado todos estos años. Desde que hice mis primeros amigos hasta el día de hoy. La gente con muros emocionales me resulta interesantísima, y esas paredes que los protegen conllevan mucho rechazo, resistencia, decepciones, y largas horas puteándome a mí misma por ser tan idiota de seguir insistiendo. Soy una persona extremadamente sensible, así que se harán una idea del abuso emocional que implica perseguir a gente que no cede por 20 años. Cuando me vi con otros ojos me di cuenta de esto y todo hizo 'click.' Esto explica por qué soy dejada con mis amistades que siempre están disponibles y por qué siempre me hago el tiempo para gente que se hace de rogar y me da por sentado. He tirado amistades que tenían gran potencial a la basura, y todo por mi ego. He vivido desilusiones gigantescas, y cuando ocurren no me sorprende para nada porque sé que venían. Es la fuerza de la costumbre. Y sigo ahí en la trinchera, creyéndome mártir por aceptar tanto abuso; abuso al que al fin y al cabo me expongo solita. Me creo el cuento de luchadora por las causas perdidas y disfrazo mi idiotez de fe.

Todo por ego. Hay que ser muy Sofía...

Eso es lo que me da rabia: la intención que hay detrás de mi insistencia. Si lo hiciera porque mi motivación es la bondad, entonces mi idiotez pasaría a ser sumisión y en estos momentos tendría otro problema. Pero no todo es tan terrible. El que persiga objetivos no quiere decir que no aprecie a esas personas emocionalmente complicadas por quienes son. Me pasa que en el camino a doblarles la mano veo otro lado de ellas y recién ahí nace la sensación de amistad, y en el caso de los hombres, el amor. Creo que si cambio el switch y dejo de ver a las personas como metas la balanza se inclinaría más a mi favor. Ya no lo pasaría tan mal y conocería mis límites. Sabría decir basta y exigiría lo que me corresponde, y nunca más sentiría que me están dando por sentado. Asimismo, yo también tengo que aprender a no dar por sentado a todas esas personas que me han demostrado su lealtad y amor de una manera mucho más libre a la que utilizo yo.

Ya es suficiente. Dejaré de joder y lo pasaré bien. Es hora de apreciar lo que tengo al lado y dejar de subir esa montaña de barro. Tengo que aprender a enojarme. Tengo que terminar este post con una canción buena que no tenga nada que ver con todo lo que acabo de escribir.

martes, 27 de octubre de 2009

Recordando a Sofía



Los último cuatro años he asistido a un promedio de dos funerales por año. Algunos han sido de familiares muy cercanos y otros de familiares de seres queridos. Mi primer funeral fue el de mi bisabuela cuando yo tenía 11 años. Luego vinieron mis abuelos, luego mis abuelas, dos tías, un tío, tíos y tías abuelos/as, familiares de amigas muy cercanas. No le temo a la muerte; es algo que tengo asumido. Cuando me preguntan si me gustaría saber la fecha en que voy a morir respondo que no me hace mayor diferencia. Al fin y al cabo ya conozco mi fecha de nacimiento. No me generaría un sentido de urgencia ni angustia. Muy por el contrario, sería muy bueno estar preparada y dejar todo listo para el gran día.

Al igual que muchas personas, siempre me he preguntado cómo va a ser mi funeral. Quiénes van a ir, quiénes van a llorar, quiénes van a decir unas palabras... Hasta ya pensé el soundtrack. Está compuesto de canciones religiosas y otras de radio. El coro estará compuesto de guitarra, violín, chelo y una flauta traversa. Voces masculinas y femeninas. El repertorio sería:

Para entrar... Living Life, la versión de Kathy McCarty


Para el resto de la misa
Ven Amada Mía
Aquí estoy, Señor (tu me llamas)
Milagro de Amor
Moon River, la versión de Andy Williams



Y para sacar el cajón.... Daydream Believer, de los Monkees.


Porque hay que salir con alegría.

Ahora, la ceremonia misma me complica. Hace mucho que no voy a misa y no me considero Católica. Pero conociendo a mi familia me van a hacer una misa de todas maneras. En ese caso quisiera que mis amigos, hermanos o primos lean algo para todos. A mi viejo le carga que la gente lea en misas de funeral porque "eso se hace en el cementerio", pero este es MI funeral y no tengo ningún problema con que lean. Más que una misa de funeral me gustaría tener una celebración de vida; que todas las personas que conocí en vida se reunan y recuerden anécdotas e historias, y que vean los videos idiotas que hice con mis amigas y hagan hartos montajes alegres pero que inevitablemente te dejan con un nudo en la garganta. Bien cebolla y bien gringo.

Deseos a considerar:
- Que mis hermanos le echen agua bendita a mi cajón
- Mis amigas tienen que llevar las flores al terminar la misa
- Que me entierren con cualquiera de mis zapatillas Converse puestas y una claqueta que diga "Escena Final"
- Si la cosa es con misa, que el cura no diga "Sofía se alejó de Dios, pero tengamos la Fe - que ella no tuvo - en que Nuestro Padre la recibirá en su reino." Ni siquiera quiero tener servicio religioso, pero como me van a hacer uno de todas maneras, tratemos de quitarle un poco de importancia a mi vida de pecadora infernal que no pertence a la congregación Católica, ¿ok?
- Que mi guitarra esté en el lugar de la ceremonia
- Que todos los asistentes usen zapatillas
- Que mis familiares estén sentados a un lado de la iglesia y mis amigos al otro porque no quiero que mi familia acaparadora se quede con todos los asientos de adelante y mis amigos tengan que quedarse de pie.
- Que alguien incluya la frase "al partir, te llevo conmigo" en su discurso... y mencione de dónde saqué esa frase.
- Que alguien le avise a mi amiga Gringa

Y lo más importante de todo: si me van a llorar, recuerden si alguna vez los hice reír.

Shiaaaaaaaaaaaaa!

martes, 29 de septiembre de 2009

¿Disfórica, yo? JA.

Disfórico: No sentirse cómodo con uno mismo.

Pero no lo estoy. O sea, estoy cómoda conmigo misma. A pesar de mi cesantía de semanas y de no tener proyectos concretos a futuro, debo decir que hay armonía en mi vida. Tal vez necesitaba un descanso o es la flojera que habla por mí, pero si lo analizo más a fondo puedo decir con absoluta convicción que estoy muy feliz. No sé si es porque poco a poco he llenado mi vida con más actividades (fútbol femenino, ponte tú), o porque he expandido mi agenda social, o porque me he reencontrado con amigas del pasado, o porque se me están yendo las trancas para escribir guiones, o porque disfruto tocando guitarra y haciendo covers guachacas de canciones pop, pero este año ha existido una evolución absolutamente personal. Hace mucho que no tengo esos pesados momentos de melancolía en los que todo se viene abajo y nada existe más allá de mis penas existenciales. Esas penas que parecen pesar más que el concreto y que detienen todo.

Estoy contenta. Aún tengo inquietudes (próximo target: la cocina) y hay ciertas cosas que quiero cambiar. Bajar un poco los decibeles y dejar esa angustia que viene con la juventud a los veintitantos. Me queda para rato, no hay apuro. 24 años no son nada. Eso no significa que no tengo planes, porque sí los tengo. Pero ya no hay ansiedad. Estoy aceptando, poco a poco, que las cosas requieren tiempo y entusiasmo y mucho trabajo. Sino, ¿cómo las apreciaríamos?

miércoles, 24 de junio de 2009

Está tan graaaande...

Hace mucho que no escribo sobre romances y anti-romances en mi blog, primero porque aprendí que no conviene ventilar la vida privada, y segundo porque no había romances en mi vida. Bueno, en realidad algo ha habido, y algún rastro de ello dejé en mi blog. Nada literal, sólo detalles, como por ejemplo incluir números musicales de películas a pito de nada en un post.

La cosa fue más o menos así: por primera vez en mucho tiempo (tal vez por primera vez en mi vida) conocí a alguien que me fascinó. Alguien que me desafiaba y al mismo tiempo me hacía reír, alguien con quien compartía valores e intereses, sarcasmo e ironía, y con quien tenía mucha química. Los que son regalones y melosos como yo entienden que es difícil encontrar a alguien que no sólo esté cómodo con eso, sino que lo sea también. Este era el caso. Tuvimos un verdadero cortejo. No esos en que carreteas con mucha gente y tienes que luchar por cruzar miradas, sino que THE REAL cortejo: salidas los dos solos, largas conversaciones, películas en casa, arrumacos, etc... No pasó nada extraordinario, y eso era lo mejor de todo. Era así como debía ser todo. Respeto, risas, admiración, y la oportunidad de mostrarle a la otra persona un punto de vista diferente. Era una relación común pero las dos personas involucradas no eran irrelevantes.

Pero siempre hay algo, en nuestro caso, el temor al compromiso. Es una fobia que cada día afecta a más jóvenes, diría un locutor de noticias. Pero es cierto. Está ahí, y es muy difícil de superar. Bueno, pasaron los meses, la cosa se acabó, pero hasta el día de hoy podemos conversar y juntarnos de vez en cuando. El problema está en que aún existe mucha atracción entre los dos y como una no es de fierro suele sucumbir a los encantos de la otra persona, pero quedas en el mismo lugar en el que comenzaste: "te encuentro una mina increíble, PERO..." Esto podría repetirse mil y una veces, y de seguro así sucedería, pero decidí ponerle fin.

Así es, chicos. Soy toda una mujer. En una salida se dio la oportunidad, como tantas otras veces, de interactuar como más que amigos frente a otra gente. Y cual comedia romántica barata, puse mis manos frente a mí y dije con mi mejor tono de Carrie Bradshaw: "Hay nuevas reglas". Tal cual. (Who's your bitch?!!) Él escuchó, entendió, no compartió mucho pero respetó. Más o menos no más, porque siguió intentando. Bueno, es hombre y en pedir no hay engaño. Pero me mantuve firme. No es fácil. Cuando todo tu ser te dice que no hay nada más natural que dejarse llevar con una persona en específico no es llegar y frenarlo. Cuesta, y mucho. Pero pensé en las consecuencias y en lo importante que es evolucionar. Podríamos estar en este baile de "peor es nada" por meses, pero yo no quiero ser eso para alguien y tampoco quiero hacérselo a otra persona. Ese es el punto: somos personas. Hay quienes se sienten cómodos teniendo seudo-compromisos, pero eso no es para mí. Es fundamental para mí buscar la relevancia en todos los ámbitos de mi vida y el amor no es una excepción. ¿Cómo pretendo encontrar el amor si no lo respeto?

Cuando iba camino a mi casa luego de este momento de poder mental me sentí tranquila. Sentí frío y una pérdida, como si algo precioso se te escapara de las manos. Pero había que hacerlo. Hay muchas cosas maravillosas en la vida, pero no todas son adecuadas para mí.

Hoy somos amigos. Nos llamamos y hay interés de juntarse. Este es un hombre que me interesa tener en mi vida aunque sea como amigo. Puede que este no sea el momento adecuado para el amor, pero sí lo es para la amistad. No voy a botar a la basura a alguien que me ha enseñado tanto, de seguro sin darse cuenta.

Siento que estoy cumpliendo algo que me propuse hace un tiempo: si voy a estar en la vida de alguien, no quiero ser irrelevante.

domingo, 19 de abril de 2009

Un Año Diferente (O Cómo Sofía se Arrendó Por 13 Meses)

Les cuento, chicos.

En marzo del año pasado comencé a trabajar en la Universidad Andrés Bello en el departamento de Relaciones Institucionales. Nada que ver con lo que estudié, pero tenía un objetivo muy claro: ahorrar para ir a estudiar al extranjero. Si quieren hacer un paralelo cinematográfico, les recomiendo pensar en "El Diablo Viste a la Moda", sólo que sin la jefa demoníaca ni los trajes de diseñador. Ni el novio con cejas gruesas.

Como pasó en la película, llega una niña a trabajar en algo que no es exactamente lo que le atrae, pero tiene un objetivo. Para adecuarse a su lugar de trabajo debe cambiar su vestuario y... bueno, eso es con lo que más me identifico. No me llevaron a París, pero sí tuve que viajar a Concepción, Antofagasta y Viña por pega.

Lo más complicado de tomar un giro inesperado es darle explicaciones a la gente que te conoce. Mis amigas demoraron un tiempo en entender mi decisión, pero me apoyaron en todo momento. Otras se alegraron desde el principio y estuvieron a mi lado dándome palabras de aliento cada vez que llegaba con cara larga y amenazando con renunciar.

Sin lugar a dudas lo más complicado de un giro como este es la aceptación propia. ¿Cómo reconciliar lo que soy con lo que hago? Ahí está el desafío, y si alguno de ustedes, mis queridos lectores, están pensando en 'arrendarse' por un tiempo, les aconsejaría ver la experiencia como un desafío. Eso, junto con el apoyo de mis amigos y de los nuevos amigos que hice en mi oficina, fue lo que me mantuvo en pié.

Luego de unos meses te acostumbras a la rutina e incorporas nuevos elementos. Nuevos sitios que visitar en Internet, libros para leer en el metro, canciones para escuchar camino al metro y camino a casa, lugares donde almorzar, maneras de hacer reír a la secretaria, códigos y chistes internos que elaboras con tus compañeros de trabajo, el break del cigarrito con la directora que trabaja en la oficina del otro lado del pasillo, comentarios ácidos que van y vienen entre las alumnas que contratas para los eventos y tú... Se te abre otro mundo. Hubo un momento cuando ya me vi inmersa en este nuevo planeta en el que me dieron ganas de trabajar en mil cosas diferentes con el solo propósito de conocer más de la vida. Conocer más a la gente.

Una de las lecciones que aprendí en este año de trabajo fue que en todas partes hay gente interesante, y que al mismo tiempo son iguales a uno. Tenemos los mismos problemas, nos reímos de las mismas cosas, sólo que nos desenvolvemos en áreas distintas.

No voy a mentir. Muchas veces sentí que estaba perdiendo el tiempo y mi potencial se estaba yendo a la basura. La parábola de los talentos, una de las que más ha resonado en mi vida, daba vueltas en mi cabeza día a día, en especial hacia el final de este viaje. Pero hay que estar en paz con uno mismo y cumplir lo que uno se propone. ¿Me arrepiento de haberme arrendado? La respuesta que hoy me doy es no. De ninguna manera. De todas formas, la experiencia es muy reciente y las grandes conclusiones las sacaré más adelante, pero creo que no cambiaré de parecer. Conocí gente maravillosa y aprendí muchísimo de tantas cosas...

De un tiempo a esta parte los planes han cambiado. No sé si quiero ir a estudiar este año. Tal vez los postponga para el próximo, o el que viene, o quizás nunca parta a Boston. Este año fue una lección en carácter, que me ayudó a conocer mis límites y ver si soy tan mimada como creo que lo soy. Fue una prueba de voluntad, levantarse temprano y trabajar hasta la tarde como lo hace la mayoría de la gente, y ver si una mente creativa aguanta un año en una oficina común y corriente, recibiendo un sueldo estable y tickets Sodexho para el almuerzo, y vistiéndome de ejecutiva y repetir una y otra vez la rutina de oficina.

La Ingrata

Hola, chicos. Sé que hace mucho que no escribo algo relevante aquí. He estado más dedicada a mi blog en inglés, pero ya se viene un mega post para el 30 de abril. Estoy cachando que va a estar un poco largo, así que léanlo sentados y con los ojos bien abiertos.

Saludos a todos.

miércoles, 7 de enero de 2009

Un Momento de Debilidad

¿Conocen esa sensación de estar tan triste que te cuesta levantar los pies al caminar, y cada vez que exhalas el aire te sale pesado y rápido, como si vinieras llegando de una maratón, y comer te da asco, y todo lo que piensas te lleva automáticamente a lo que te está causando pena?

Hoy ha sido un día de mierda. No me da ni para llorar.