miércoles, 24 de junio de 2009

Está tan graaaande...

Hace mucho que no escribo sobre romances y anti-romances en mi blog, primero porque aprendí que no conviene ventilar la vida privada, y segundo porque no había romances en mi vida. Bueno, en realidad algo ha habido, y algún rastro de ello dejé en mi blog. Nada literal, sólo detalles, como por ejemplo incluir números musicales de películas a pito de nada en un post.

La cosa fue más o menos así: por primera vez en mucho tiempo (tal vez por primera vez en mi vida) conocí a alguien que me fascinó. Alguien que me desafiaba y al mismo tiempo me hacía reír, alguien con quien compartía valores e intereses, sarcasmo e ironía, y con quien tenía mucha química. Los que son regalones y melosos como yo entienden que es difícil encontrar a alguien que no sólo esté cómodo con eso, sino que lo sea también. Este era el caso. Tuvimos un verdadero cortejo. No esos en que carreteas con mucha gente y tienes que luchar por cruzar miradas, sino que THE REAL cortejo: salidas los dos solos, largas conversaciones, películas en casa, arrumacos, etc... No pasó nada extraordinario, y eso era lo mejor de todo. Era así como debía ser todo. Respeto, risas, admiración, y la oportunidad de mostrarle a la otra persona un punto de vista diferente. Era una relación común pero las dos personas involucradas no eran irrelevantes.

Pero siempre hay algo, en nuestro caso, el temor al compromiso. Es una fobia que cada día afecta a más jóvenes, diría un locutor de noticias. Pero es cierto. Está ahí, y es muy difícil de superar. Bueno, pasaron los meses, la cosa se acabó, pero hasta el día de hoy podemos conversar y juntarnos de vez en cuando. El problema está en que aún existe mucha atracción entre los dos y como una no es de fierro suele sucumbir a los encantos de la otra persona, pero quedas en el mismo lugar en el que comenzaste: "te encuentro una mina increíble, PERO..." Esto podría repetirse mil y una veces, y de seguro así sucedería, pero decidí ponerle fin.

Así es, chicos. Soy toda una mujer. En una salida se dio la oportunidad, como tantas otras veces, de interactuar como más que amigos frente a otra gente. Y cual comedia romántica barata, puse mis manos frente a mí y dije con mi mejor tono de Carrie Bradshaw: "Hay nuevas reglas". Tal cual. (Who's your bitch?!!) Él escuchó, entendió, no compartió mucho pero respetó. Más o menos no más, porque siguió intentando. Bueno, es hombre y en pedir no hay engaño. Pero me mantuve firme. No es fácil. Cuando todo tu ser te dice que no hay nada más natural que dejarse llevar con una persona en específico no es llegar y frenarlo. Cuesta, y mucho. Pero pensé en las consecuencias y en lo importante que es evolucionar. Podríamos estar en este baile de "peor es nada" por meses, pero yo no quiero ser eso para alguien y tampoco quiero hacérselo a otra persona. Ese es el punto: somos personas. Hay quienes se sienten cómodos teniendo seudo-compromisos, pero eso no es para mí. Es fundamental para mí buscar la relevancia en todos los ámbitos de mi vida y el amor no es una excepción. ¿Cómo pretendo encontrar el amor si no lo respeto?

Cuando iba camino a mi casa luego de este momento de poder mental me sentí tranquila. Sentí frío y una pérdida, como si algo precioso se te escapara de las manos. Pero había que hacerlo. Hay muchas cosas maravillosas en la vida, pero no todas son adecuadas para mí.

Hoy somos amigos. Nos llamamos y hay interés de juntarse. Este es un hombre que me interesa tener en mi vida aunque sea como amigo. Puede que este no sea el momento adecuado para el amor, pero sí lo es para la amistad. No voy a botar a la basura a alguien que me ha enseñado tanto, de seguro sin darse cuenta.

Siento que estoy cumpliendo algo que me propuse hace un tiempo: si voy a estar en la vida de alguien, no quiero ser irrelevante.