martes, 29 de septiembre de 2009

¿Disfórica, yo? JA.

Disfórico: No sentirse cómodo con uno mismo.

Pero no lo estoy. O sea, estoy cómoda conmigo misma. A pesar de mi cesantía de semanas y de no tener proyectos concretos a futuro, debo decir que hay armonía en mi vida. Tal vez necesitaba un descanso o es la flojera que habla por mí, pero si lo analizo más a fondo puedo decir con absoluta convicción que estoy muy feliz. No sé si es porque poco a poco he llenado mi vida con más actividades (fútbol femenino, ponte tú), o porque he expandido mi agenda social, o porque me he reencontrado con amigas del pasado, o porque se me están yendo las trancas para escribir guiones, o porque disfruto tocando guitarra y haciendo covers guachacas de canciones pop, pero este año ha existido una evolución absolutamente personal. Hace mucho que no tengo esos pesados momentos de melancolía en los que todo se viene abajo y nada existe más allá de mis penas existenciales. Esas penas que parecen pesar más que el concreto y que detienen todo.

Estoy contenta. Aún tengo inquietudes (próximo target: la cocina) y hay ciertas cosas que quiero cambiar. Bajar un poco los decibeles y dejar esa angustia que viene con la juventud a los veintitantos. Me queda para rato, no hay apuro. 24 años no son nada. Eso no significa que no tengo planes, porque sí los tengo. Pero ya no hay ansiedad. Estoy aceptando, poco a poco, que las cosas requieren tiempo y entusiasmo y mucho trabajo. Sino, ¿cómo las apreciaríamos?