viernes, 30 de octubre de 2009

¿Te conozco...?

En la vida de todo veinteañero (y todas las edades que le siguen) llega un momento en que te desdoblas, tomas un poco de distancia, giras, y te ves. Siguen siendo tus ojos, pero son ojos nuevos, ojos de un extraño que nos parece sospechosamente familiar. Es alguien que te conoce a la perfección, pero que se sorprende cuando te ve. Es en estos momentos cuando nos damos cuenta de quiénes somos realmente.

Este año me la he pasado a dos cabezas, y la experiencia ha sido buena. Rara, pero buena. Es como cuando te encuentran IGUAL pero IGUAL a alguien y como que te ofendes y pones cara de, "eh... ¿en serio piensan que me veo así? Y yo que me juraba de nariz respingada..." Pero también es gracioso, porque cuando identificas un comportamiento, más bien, un patrón, miras para atrás y te das cuenta que no es algo novedoso, sino que muchas veces es algo que traes desde la infancia.

El otro día hablaba con una amiga sobre esto de verse desde afuera, y no sé por qué me acordaba de cuando éramos chicas y éramos yuntas, partners, comadres de 13 años. Éramos amigas de antes pero fuimos mejores amigas por un par de meses; de esas Súper Amistades Express que son intensas y que a la larga una de las dos se satura y hasta ahí no más llegamos siendo pareja en gimnasia. Luego me acordé de otra amiga que tuve en Kinder. Éramos comadres de 5 años, siempre íbamos a la casa de la otra los fines de semana y mi maleta heredada de Barbies era la diversión máxima. Una Súper Amistad Express que dura hasta que revuelven los cursos y ya no te puedes sentar al lado de tu mejor amiga, perdiéndote grandes eventos de la vida en la sala, como cuando la alumna mamona se hizo pipí en clases y luego vomitó porque extrañaba a su mamá. Y tu partner ya no está ahí para comentarlo. Y para qué andamos con cosas; el déficit atencional a los 5 años es más fértil que toda mi familia junta.

Llegó la pubertad y luego la adultez incipiente y me sorprendí al ver que me costaba mucho que me gustara alguien. Mis amigas pasaban encantadas, algunas hasta enamoradas, y a mí siempre me costó un poquito más. Debo haber escrito el nombre de un niño en mi cuaderno porque yo sentía que me gustaba, pero no mucho más que eso. Y cuando finalmente ocurría el milagro, nunca llegaba a nada y terminaba insatisfecha. Me encantaba con alguien y sentía que me gustaba muchísimo pero no llegaba más allá. Se me repetía el patrón, y varias veces pensé que no sabía elegir hombres y que tenía muy mal ojo.

¿Qué tienen en común todas estas personas? Son todas emocionalmente complicadas, es decir, típica gente que el resto mira y dice "lo/a encuentro medio raro/a", y cuestionan tu interés por ellos/as. ¿De dónde nace el interés por esas personas tan complejas, teniendo a tantas otras personas menos complicadas absolutamente disponibles para mí?

Muy simple: en el desafío.

Soy adicta a los desafíos. Me encantan los juegos de ingenio, los obstáculos; todo lo que haga que te detengas y dediques toda tu atención a algo para lograr un objetivo. Me es difícil encontrar desafíos intelectuales, y no lo digo porque me considere un genio ni nada por el estilo. Disfruto de las cosas simples de la vida, pero no me permito tener un intelecto ordinario. Me gusta saber todo, y si me dedicara a perseguir todos mis desafíos intelectuales tengo la leve sospecha de que nunca dejaría de ir a la universidad y tendría más diplomas que mi padre. Tampoco quiero decir que la gente que me rodea me aburre. Muy por el contrario; sostenemos debates interesantes y muy entretenidos, y podemos pasar horas riéndonos y pasándolo bien. Pero cuando conozco a alguien emocionalmente complicado el interés se apodera de mí y mi único objetivo es lograr que cedan conmigo. Y no es tanto por bondad, o por tener un interés en que la persona descubra que hay gente buena en el mundo y que no hay nada de malo en confiar. Mi búsqueda, mi objetivo con esas personas, nace de mi ego. Insisto e insisto, hago cosas que no haría por aquellos que no se hacen de rogar, y cuando finalmente llegamos al punto en que esa persona se siente segura conmigo y es libre de confiar en mí, llevo ese conocimiento como trofeo de guerra. ¿Quién le dobló la mano? Este pechito.

Y así me la he pasado todos estos años. Desde que hice mis primeros amigos hasta el día de hoy. La gente con muros emocionales me resulta interesantísima, y esas paredes que los protegen conllevan mucho rechazo, resistencia, decepciones, y largas horas puteándome a mí misma por ser tan idiota de seguir insistiendo. Soy una persona extremadamente sensible, así que se harán una idea del abuso emocional que implica perseguir a gente que no cede por 20 años. Cuando me vi con otros ojos me di cuenta de esto y todo hizo 'click.' Esto explica por qué soy dejada con mis amistades que siempre están disponibles y por qué siempre me hago el tiempo para gente que se hace de rogar y me da por sentado. He tirado amistades que tenían gran potencial a la basura, y todo por mi ego. He vivido desilusiones gigantescas, y cuando ocurren no me sorprende para nada porque sé que venían. Es la fuerza de la costumbre. Y sigo ahí en la trinchera, creyéndome mártir por aceptar tanto abuso; abuso al que al fin y al cabo me expongo solita. Me creo el cuento de luchadora por las causas perdidas y disfrazo mi idiotez de fe.

Todo por ego. Hay que ser muy Sofía...

Eso es lo que me da rabia: la intención que hay detrás de mi insistencia. Si lo hiciera porque mi motivación es la bondad, entonces mi idiotez pasaría a ser sumisión y en estos momentos tendría otro problema. Pero no todo es tan terrible. El que persiga objetivos no quiere decir que no aprecie a esas personas emocionalmente complicadas por quienes son. Me pasa que en el camino a doblarles la mano veo otro lado de ellas y recién ahí nace la sensación de amistad, y en el caso de los hombres, el amor. Creo que si cambio el switch y dejo de ver a las personas como metas la balanza se inclinaría más a mi favor. Ya no lo pasaría tan mal y conocería mis límites. Sabría decir basta y exigiría lo que me corresponde, y nunca más sentiría que me están dando por sentado. Asimismo, yo también tengo que aprender a no dar por sentado a todas esas personas que me han demostrado su lealtad y amor de una manera mucho más libre a la que utilizo yo.

Ya es suficiente. Dejaré de joder y lo pasaré bien. Es hora de apreciar lo que tengo al lado y dejar de subir esa montaña de barro. Tengo que aprender a enojarme. Tengo que terminar este post con una canción buena que no tenga nada que ver con todo lo que acabo de escribir.

martes, 27 de octubre de 2009

Recordando a Sofía



Los último cuatro años he asistido a un promedio de dos funerales por año. Algunos han sido de familiares muy cercanos y otros de familiares de seres queridos. Mi primer funeral fue el de mi bisabuela cuando yo tenía 11 años. Luego vinieron mis abuelos, luego mis abuelas, dos tías, un tío, tíos y tías abuelos/as, familiares de amigas muy cercanas. No le temo a la muerte; es algo que tengo asumido. Cuando me preguntan si me gustaría saber la fecha en que voy a morir respondo que no me hace mayor diferencia. Al fin y al cabo ya conozco mi fecha de nacimiento. No me generaría un sentido de urgencia ni angustia. Muy por el contrario, sería muy bueno estar preparada y dejar todo listo para el gran día.

Al igual que muchas personas, siempre me he preguntado cómo va a ser mi funeral. Quiénes van a ir, quiénes van a llorar, quiénes van a decir unas palabras... Hasta ya pensé el soundtrack. Está compuesto de canciones religiosas y otras de radio. El coro estará compuesto de guitarra, violín, chelo y una flauta traversa. Voces masculinas y femeninas. El repertorio sería:

Para entrar... Living Life, la versión de Kathy McCarty


Para el resto de la misa
Ven Amada Mía
Aquí estoy, Señor (tu me llamas)
Milagro de Amor
Moon River, la versión de Andy Williams



Y para sacar el cajón.... Daydream Believer, de los Monkees.


Porque hay que salir con alegría.

Ahora, la ceremonia misma me complica. Hace mucho que no voy a misa y no me considero Católica. Pero conociendo a mi familia me van a hacer una misa de todas maneras. En ese caso quisiera que mis amigos, hermanos o primos lean algo para todos. A mi viejo le carga que la gente lea en misas de funeral porque "eso se hace en el cementerio", pero este es MI funeral y no tengo ningún problema con que lean. Más que una misa de funeral me gustaría tener una celebración de vida; que todas las personas que conocí en vida se reunan y recuerden anécdotas e historias, y que vean los videos idiotas que hice con mis amigas y hagan hartos montajes alegres pero que inevitablemente te dejan con un nudo en la garganta. Bien cebolla y bien gringo.

Deseos a considerar:
- Que mis hermanos le echen agua bendita a mi cajón
- Mis amigas tienen que llevar las flores al terminar la misa
- Que me entierren con cualquiera de mis zapatillas Converse puestas y una claqueta que diga "Escena Final"
- Si la cosa es con misa, que el cura no diga "Sofía se alejó de Dios, pero tengamos la Fe - que ella no tuvo - en que Nuestro Padre la recibirá en su reino." Ni siquiera quiero tener servicio religioso, pero como me van a hacer uno de todas maneras, tratemos de quitarle un poco de importancia a mi vida de pecadora infernal que no pertence a la congregación Católica, ¿ok?
- Que mi guitarra esté en el lugar de la ceremonia
- Que todos los asistentes usen zapatillas
- Que mis familiares estén sentados a un lado de la iglesia y mis amigos al otro porque no quiero que mi familia acaparadora se quede con todos los asientos de adelante y mis amigos tengan que quedarse de pie.
- Que alguien incluya la frase "al partir, te llevo conmigo" en su discurso... y mencione de dónde saqué esa frase.
- Que alguien le avise a mi amiga Gringa

Y lo más importante de todo: si me van a llorar, recuerden si alguna vez los hice reír.

Shiaaaaaaaaaaaaa!