martes, 28 de diciembre de 2010

Al Maestro Con Cariño

Fui alumna de Luigi Araneda en la escuela de Comunicación Audiovisual de Duoc UC. De eso hacen ya unos años; dos o tres. Cuando salí de la escuela escuchaba hablar mucho de él. No era para menos; Luigi era uno de los mejores (si no el mejor) productores audiovisuales del país, y apenas tenía cuarenta y tantos años. Cuando lo conocí como profesor estaba terminando los treintas.

Luigi era choro. Llegaba con su chaqueta de cuero, su casco, y un celular que para la época nos parecía muy moderno. Todos creíamos que tenía una tremenda moto, pero un día lo vi llegar: tenía una scooter. Lo molestamos un poco al respecto y respondió, despreocupado, ¿para qué quiero más? Necesito movilizarme y la moto cumple ese objetivo. No aparentaba. Era práctico.

Siempre llegaba con una polera de su productora, “El Asombro”, y con otra de la película “Se Arrienda”, la cual produjo. Cuando tengan un proyecto tienen que jugársela, tienen que ponerse la camiseta, que la gente los vea. Por esto, para nuestro proyecto de título nos mandamos a hacer poleras con el nombre de nuestro cortometraje y las usamos durante todo el rodaje. Nos sentíamos bien, nos sentíamos importantes; nos sentíamos dueños de nuestras obras.

Luigi se preocupaba. Debe haber tenido unos 100 alumnos pero sabía con quiénes lidiaba. Estaba pendiente de quiénes participaban en clases y quería motivar al resto. Una vez me entregó una prueba en la que me saqué un 5.7 y me dijo, bien más o menos, Vicuña. Tú puedes más. Y tenía razón.

Las clases siempre las daba desde la experiencia. Nos contó historias de sus producciones anteriores, como “Se Arrienda.” No eran anécdotas donde todo era perfecto y él era el productor estrella. Nos contaba sus errores. Nos decía que se había equivocado, y que luego se había disculpado. Luigi fue al Festival de Cannes, conoció gente importante, era un productor que a sus treinta y tantos ya había hecho muchas cosas, pero nunca pretendió que se las sabía todas. A pesar de su experiencia laboral sabía que seguía aprendiendo, y nos transmitía confianza. No es malo equivocarse; es humano.

Otra de las cosas que nos enseñó era mantener un buen ambiente durante el rodaje. Que nos preocupáramos de los actores y el director, pero principalmente de los técnicos, que son los que más trabajo hacen y menos gloria se llevan. Era un hombre considerado y muy responsable, pero además era jovial, entretenido.

Este es un medio frustrante y lleno de injusticias. Más de una vez durante la carrera nos preguntamos si estábamos en el camino correcto, si esto era lo que queríamos hacer toda la vida. Luego escuchábamos a Luigi hablar de su trabajo, de los altos y bajos que tenía, y no podíamos ignorar la felicidad en su voz. Y ahí se respondían todas nuestras dudas vocacionales. ¿Para qué quiero trabajar en esto? Para poder hablar de mi trabajo con una sonrisa como la que tenía Luigi.

El comentario que más escuché entre mis compañeros al enterarnos de su muerte era “habiendo tanto chanta dando vueltas, ¿por qué se tuvo que morir el único que era bueno?” La última lección que nos dejó Luigi, el profe, es la siguiente: esto puede acabar en cualquier minuto, así que si vas a vivir, sé el mejor.

Y Luigi era el mejor.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Una Observación

Es casi un secreto a voces, solo que no es secreto. Es una de esas observaciones que cuando las escuchas dices "¡¡¡SI!!!" y quieres correr a decírselo a tus amigos.

Farkas = Ross

Esto va más allá de la herencia étnica de ambos (pertenecen a la tribu de los elegidos, shalom!), o del país donde encontraron el amor con una rubia (en ambos casos, seudo-rubias). Esto es mayor. Es como... un estilo de vida.

Evidencia 1:
Gusto cuestionable en moda.
















Evidencia 2:
Los dientes.
















Evidencia 3:
El estilo musical.



¿O no?

lunes, 6 de diciembre de 2010

En Defensa de Franco de Vita

Evítese sus "¿pero cómo es posible que escriba sobre esto?", porque si no se ha dado cuenta que la línea editorial de este blog anda en zig-zag, entonces no tiene comprensión de lectura y necesita dedicarse a trollear en redes sociales.

Con eso fuera del camino, vamos a lo nuestro. Todos tenemos un lado cebolla; no es novedad para nadie. Si bien hay un dejo de ironía cuando cantamos "Tú" de Noelia, parte de nuestro organismo reacciona con la letra. Vamos, no se hagan. Al final, la música cebolla es masiva porque el tema que trata, el amor, es universal. Todos nos hemos enamorado, desenamorado, nos hemos sentido traicionado o la hemos cagado. Y a veces pasa que mientras más (melo)dramática la canción, más pega y más rápido nos aprendemos el coro.



El Michael Corleone de las canciones de amorsshhh

Ahora, se debe hacer una distinción entre las canciones de amor y las que pretenden ser poesía (cofARJONAcof). Ahí es donde entra don Franco de Vita. Sus letras, si bien simples, calan más profundo en la gente porque son cercanas, aterrizadas. Franco canta como todos hablamos y pensamos. No sé ustedes, pero no conozco a nadie que hable de encontrarle una pestaña a algo que nunca tuvo ojos - y si conociera a alguien que hable así lamentaría hasta el fin de mis días el momento en que se me ocurrió decirle "hola."

No digo que me gusten toooooooooooodas las canciones de Franco de Vita. De hecho, me gustan más sus letras y sus ideas que la musicalización de los temassshhhh. Hay algo también en su imagen y voz. No tiene las mejores cuerdas vocales, pero su gracia está en la interpretación. Tampoco tiene muy buena pinta. Es feo el hombre, pero basta que se ponga a cantar para que una lo encuentre sexy-ugly. Ahí se distingue al artista, al intérprete de la estrellita o niño bonito. Muy guapo será Enrique Iglesias, pero verlo cantar en vivo (porque a él no hay que escucharlo) me provoca ganas de consolarlo porque canta como llorando. Seamos francos, nadie le cree que llora y sufre si al final se va a su casa y lo está esperando the real Kournikova.


Emm... tiene bonitas letras.

Lo de Montaner es más complicado. También tiene unos temazos que si los escucho me pongo a cantar y puede que hasta cierre los ojos en un coro con notas altas, pero no me provoca lo mismo que Franco de Vita. Creo que pasa por la voz y por el material también. Ese vibratto a lo Pollo Fuentes que tiene Montaner no es de mi agrado.

No me considero fanática de Franco de Vita porque no conozco mucho su catálogo, solo tengo sus canciones más conocidas. En el fondo soy de esas fans que todos odian porque rayan con las canciones de alguien pero no tienen idea que en 1987 sacó un disco acústico que le fue pésimo pero que sus fans reales lo tienen hasta en vinilo. No me da para tanto, pero algo me da. Es que Franco es total. Hace que una espantadora de hombres profesional como yo no pierda la esperanza que algún día va a aparecer alguien que me aguante, alguien que no me aburra. Alguien que me quiera a pesar de mí, y que yo quiera a pesar de él. Snif.

Si estos argumentos pesados en información y objetividad y tan relevantes para el curso de su vida no lo convencen, pasemos a revisar la evidencia de por qué Franco de Vita es total:

Caso 1:
"Solo Importas Tú"



Esta canción es, básicamente, una conversación que todos hemos tenido de madrugada medios pasados de copas, cara a cara o por teléfono. Seamos nosotros los de orejas pacientes o los que están batallando con las erres, es una historia conocida.

Lo siento si alguna vez te he herido
y no supe darme cuenta a tiempo
mientras soportabas en silencio
tal vez algún desprecio
tal vez no sirva de nada
el darme cuenta ahora
solo importas tu

Traducción, "perdona por jotearme a ese/a mino/a, de verdad me gustai tú". No sé si la desesperación y/o alcoholización den para decir solo importas tú hasta el punto que a mi mismo se me olvida que también existo. O tal vez no he probado el trago que me lleve a decir eso. O me quiero demasiado y estoy demasiado conciente de mi existencia, tan conciente que me doy cuenta que estoy escribiendo esto y además escribo sobre saber que estoy escribiendo esto y --- bueno, ustedes entienden. A pesar de tener un sonido medio anticuado, esta canción la lleva por su letra, algo que ya establecí como el plus de Mr. de Vita. El hombre hace de los lugares comunes algo romántico; les devuelve la poesía sin tener que recurrir a metáforas idiotas (¿pingüinos en la cama?), lo que nos lleva a:

Caso 2
"Te Amo"



Conocida y muy popular, y es obvio el por qué. No creo que tenga que ver solo con el coro, tambié influye el setting, el ambiente que proyecta. La letra es simple, al grano, y la frase y hace tiempo te buscaba, ya te imaginaba así nos llega a todos. Quizás no porque nos sintamos identificados, sino porque esperamos que alguien se digne a decir que desearon a un individuo como nosotros. Es que uno pelea tanto solo, y se tira mierda sin que nadie diga nada, entonces que te planteen la idea de "no te preocupes, así estás bien" se siente fantástico. Uso la palabra fantástico no porque soy entera cuica, sino por el sentido literal: fantasía. Algo que no encontramos en el mundo real. Puede que muchas personas te quieren tal como eres, pero en toda honestidad, preferimos escucharlo de algunos más que de otros. Pero bueno, eso dura hasta que te rompen el corazón y empiezas tu discurso de "noooo, si los amigos son lo más importante; sisters before misters" y toda la volada. Pero aquí no estamos hablando del amor de amistad, sino del amorrsshhh con shhhh.

Seguiría dando casos, pero ya les dije que no soy tan fanática de Franco de Vita. Además no creo que alguien haya llegado a este párrafo (al que esté leyendo: ¡hola!). En fin, me gusta el hombre. Puede tener canciones muy genéricas, pero es esa simpleza lo que me da esperanza y me hace creer que las posibilidades existen.

También me gusta Cálido y Frío y en algún momento de mi pubertad fue mi canción con un amorcillo imposible que tuve por ahí, pero no creo que sea necesario desarrollarla. Las canciones de Franco de Vita se explican solas, lo que hace de este post - como tantos otros encontrados en este blog - absolutamente innecesario.

lunes, 25 de octubre de 2010

Descubrirse


Desde hace un rato vengo pensando en un tema sobre el cual escribir aquí, y lo cierto es que ninguno me convenció lo suficiente como para completar un post. Y ahí están los borradores; seguramente quedarán olvidados junto a los que tienen fecha 2006, entre otros. El tema que me convoca esta vez es una suerte de continuación de un post anterior. Más que continuación es un lado B. Si antes hablé de mi curiosidad por personas con murallas emocionales, esta vez hablaré sobre las propias.

Creo que es más fácil mirarse el ombligo que mirarse al espejo (a no ser que seas la hija de Carolina de Mónaco -- liiiiiiiiiiiiiinda la cabra), en el sentido que pensar en uno y atender las propias necesidades es más seguro e ingenuo que mirarse. Pero hablo de mirarse en serio. De ver más allá de los defectos físicos que tenemos memorizados (y que muchas veces nadie más parece ver más que los que los poseemos) y observar esos defectos que justificamos de mil maneras. Los defectos en carácter y personalidad que nos hacen quienes somos, pero no necesariamente nos definen porque siempre puede haber cambios. Hay que ser honestos: cuesta cambiar los defectos. Es como nadar contra la corriente, pero no es imposible. Si hasta los salmones lo hacen.

Al final eso se traduce en que sea más exigente conmigo, pero también con los demás. Y lo cierto es que no todos te lo aguantan. Hay quienes son más de la idea de que a la gente no hay que entenderla; hay que quererla. Hay otros, como yo, que creen que eso es una mediocridad del porte de un buque. Qué rico que me quieran, pero también espero que exista una búsqueda; un interés por comprender, aún si no siempre trae resultados inmediatos. Es un tema de interés, y ese interés puede resultar en que te des cuenta por qué tal persona tiene tal defecto, o por qué yo reacciono mal frente a tal actitud.

La diferencia se nota en que si bien antes sentía que tenía que pedir perdón por ser como era, ahora pido perdón por mis errores. Porque esta es mi naturaleza, y es un medio que cambia conmigo y con los tiempos y con mi reacción a esos tiempos cambiantes. Y no es una naturaleza gratuita; tiene su razón de ser y causas, y si nos ponemos Freudianos podemos estar hasta mañana hablando del tema. En fin, aquí estoy.

Y ahora mismo estoy cambiando nuevamente. Lo siento en el día a día, en mis decisiones, en las batallas que quiero luchar y las que no, en mi interminable búsqueda de los tripulantes perfectos para esta suerte de Arca de Noé que es la vida, incluyendo a quienes necesito, y dejando abajo a los que no. Pero hay otros a los que les quiero tirar una balsa, por si acaso algo surge. O resurge.

En estos días estoy siendo mi propia conejilla de Indias. Estoy bajando las murallas que tengo desde hace tanto tiempo y que ultimamente no dejaban entrar la luz del sol. Estoy dando una oportunidad. No al que quiera acercarse, sino que a mí. Me quiero permitir tantas cosas que antes me aterraban, todo por mi afán de estar 10 pasos más adelante y de ponerme el parche antes de la herida y de ir por la vida adentro de un tanque que en su interior guarda a una niña que llora a mares. Y si por abandonar las protecciones viene dolor, puta... que venga. Para eso estamos. Y lo bueno es que toda esa gente a la que permití se acercara va a estar ahí.

Esto me lleva de vuelta al principio. Lo que realmente me motivó para escribir una nueva entrada y a hacer todo este ejercicio de introspección de manera pública fue un comentario que dejó una lectora, Camila, en este post. Y al final eso te demuestra que necesitamos del resto para conocer quiénes somos como personas.

Cuesta descubrirse al andar. Por eso es bueno que alguien te afirme el espejo.

domingo, 25 de julio de 2010

Un día a la vez

Hace poco más de una semana, así como en otras 3 ó 4 ocasiones en los últimos dos años, se me ocurrió dejar de fumar. Esta vez era en serio, al igual que las otras 3 ó 4 ocasiones. Iba a hacer todo lo posible para no pescar otro cigarrillo, tal como lo hice en las 3 ó 4 ocasiones anteriores. Hasta iba a usar suplementos de nicotina para ayudarme en mi dura lucha contra esos malditos cilindros cancerígenos. La octava es la vencida.

En mis otros intentos podía pasar cuatro o cinco días sin fumar, y cuando digo “sin fumar” quiero decir que fumaba cuando tomaba en la noche. De repente me encontré carreteando un martes a pito de escopeta. Ni siquiera era de noche ni me maquillaba, por lo que no contaba como carrete-carrete, pero como en Gringolandia todo es diferente unas chelas después de clases cuentan como salir a tomar algo y no como relleno, como pasa en Chilito lindo.

Ahora llevo más de una semana sin fumar, y cuando digo “sin fumar” quiero decir que no he hecho trampa. No he comprado cajetillas, no he bolseado, ni siquiera he pedido una fumada. Es más: cuando camino por la calle y paso junto a un fumador me abanico la cara para que el humo no me llegue, cual vieja aristócrata que piensa que la juventud está perdida. Y no me abanico para que el olor no me tiente, sino porque me da asco.

Sí, ahora soy una de esas personas.

Es increíble cómo cambia la vida cuando dejas de fumar (sin trampa). Ahora me puedo lavar los dientes minutos después de comer y no es necesario esperar hasta el último pucho del día (que era harto rico, debo decir). No tengo que salir para fumar ni me angustio porque no tengo encendedor. La ropa ya no apesta a humo, los dedos tienen olor a dedo y no a pucho mojado, y siento la boca más limpia. El ahorro es otro tema importante. Desde que dejé de fumar he ahorrado más de 100 dólares. Pero no todo es perfecto.

Siempre me ha costado dormir temprano, pero ahora me cuesta un poco más. La abstinencia de nicotina te mantiene alerta, y a ratos te invaden dolores de cabeza.

De la digestión ni les cuento. No voy a entrar en detalles, porque fui a colegio católico y me enseñaron que todo lo que sucede bajo el ombligo es pecado, pero sólo diré que antes era como un colibrí y ahora tengo que comer cereales de fibra. El cereal ayuda, pero no lo suficiente como para impedir mi inevitable subida de peso. Estoy tratando de comer bien, pero no funciona tanto. Me siento engordando, y para esto - y también para matar la ansiedad - estoy haciendo deporte.

Para alguien que ha hecho de la inactividad una actividad (en algunos casos una actividad remunerada), ponerse a hacer deportes de un día para otro no es cualquier cosa. Y menos cuando llevas una década fumando a lo Don Draper. Todo comenzó inocentemente con unos trotes lamentables en Central Park (cuando me pregunten cuándo dejé de fumar, voy a decir "Nueva York" – y cuando de nuevo pregunten cuándo voy a decir “Nueva York, sordito”). A veces exagero en mi auto-criticismo, pero déjenme decirles que daba demasiada pena. Cuando te pasa una señora octogenaria que ni siquiera ha comenzado a sudar, dan ganas de ponerte las pilas.

Y en eso estoy. Todos los días me pongo una nueva meta, que consiste en no parar cada 30 segundos. Los primeros días sentía mis pulmones, algo que generalmente pasa cuando inhalas aire muy helado. Y luego pasó algo increíble: ya no tenía dolor en el pecho. Poco a poco mejora mi resistencia, pero me falta mucho.

Lo otro es el lado emocional. Ahora puedo ver que el cigarro era un escape, una excusa, una muleta, un anti-todo lo que fuera malo; no precisamente porque realmente curara todo o fuera una solución viable a todos los problemas que me acosaban, sino porque yo le di ese rol. Uno siempre está asignando roles; conviertes a extraños en familia, das importancia a cosas que no lo ameritan, calificas de desechable cosas importantes, e inventas pociones mágicas que no hacen más que empeorar las cosas. Y yo hice del cigarrillo mi estabilizador. Algo que era parte de mi imagen (todos sabían que andaba con cigarros – y que no me molestaba compartirlos), que tenía una estética, que ya era parte de mi rutina. Si me subo a un bus para un viaje de tres horas, lo primero que haré cuando baje será fumar. No te das cuenta y la tontera te manda.

En fin, ya no lo quiero en mi vida. Estoy segurísima que encontraré tentaciones, y que en unos meses más bolsearé un puchito. O tal vez será mañana, o la próxima semana. Espero que no suceda, aunque sería rico ser una de esas personas (como mi padre) que puede fumarse un puchito cada tres meses y no lo echa de menos. Por ahora no puedo hacer eso porque aún me siento más débil que un cilindro de hojitas más chico que mi dedo.

Hay cierta dignidad en dejar de fumar. Espero obtenerla para recuperar la que perdí cuando me puse a fumar una cajetilla diaria, 11 años atrás.

martes, 6 de julio de 2010

Soy Oficialmente La Gloguera Más Floja de la Blogósfera

Ando de lo más ingrata. Ando de lo más directora. Ando de lo más neoyorquina chanta. Ando de lo más cinéfila. Ando de lo más generosa.

En esto ando, cabros:

Ejercicio de continuidad



Ejercicio de producción: suspenso



Ejercicio con música


No es fácil la cosa, pero me hace muy feliz. Todavía no puedo creer que estoy haciendo lo que amo en esta ciudad.

domingo, 18 de abril de 2010

A Una Semana

En una semana más estaré, literalmente, en el aire.

Mi avión a Nueva York despega el domingo en la noche de Santiago para aterrizar al día siguiente en la Gran Manzana. Estoy matriculada, alojada, y preparada para asistir a clases en New York Film Academy este 7 de junio. Los pasajes están comprados, la maleta mentalmente casi lista. Es algo que he deseado por tanto, tanto tiempo, y ahora que el momento está casi aquí, debo decir que se murió un poco ese asombro de ojos demasiado abiertos e ingenuos.

Quiero hacer este viaje, quiero estudiar, pulir mis habilidades, tratar de creerme el cuento, re-descubrir Nueva York después de 10 años de no estar ahí, caminar sola por primera vez por el Central Park, escuchar mi iPod en el metro. Son las mismas cosas que hago en Santiago, pero las haré en otro lugar y en otro idioma. Antes, cuando pensaba en viajar al extranjero, no veía nada después. Quería quedarme afuera por todos los medios posibles y no regresar jamás. Tenía la idea que de alguna manera alguien de Hollywood me iba a descubrir y que a los 30 años ya estaría aceptando mi segundo Oscar (el primero me lo daban en un par de años más, casi por suerte, el segundo era para reafirmar que efectivamente merecía premios -- o al menos eso soñaba). No veía más allá de la ciudad porque no tenía idea adónde iba. Por eso no planeaba nada más allá. Nunca me pregunté qué pasaría después del viaje; el viaje era un fin en si mismo.

Hoy pienso distinto. Veo que algo de talento hay en mi, pero se requiere mucho tiempo para pulirlo. La magia en la que creía antes no existe más allá de miradas cómplices y risas incontrolables, de riffs que te dan dolor de guata y esa nota que sólo Aretha Franklin puede manejar, de juntarse con tus amigos de infancia y darte cuenta que la conexión aún está ahí, de salir con tus amigos más nuevos y ver que nunca es demasiado tarde para hacer amigos. Esa magia es la que me gusta ahora. El resto, particularmente lo laboral, tiene dos salidas: suerte y trabajo. Me inclino más por la última, ya que la primera me parece demasiado volátil. Ya no me siento pez grande en laguna chica. Siento que sí tengo algo que ofrecer, pero prefiero no adelantarme ni inflarme antes de tiempo. Quiero dejar un poco esos sueños que ahora solo discuto con amigos y no en la soledad de mi habitación o frente al espejo.

Como decía, antes quería partir y no volver más. Hoy ya no es tan así. Antes sentía una fascinación por todo lo gringo, por Nueva York, por ese Manhattan que ves en películas de Woody Allen, lleno de neurosis y conversaciones que nadie más que Woody puede hacer funcionar. Ahora veo todo ese mundo gringo como quien mira una serpiente de dos cabezas en el zoológico. Con curiosidad, con ganas de sacar fotos para capturar la peculiaridad, sintiéndome afortunada por presenciar ese fenómeno, pero también sabiendo que me espera mi vida al terminar el día. ¿Me gustaría vivir en Nueva York? Claro, ¿a quién no? Pero no ahora, o al menos no si no sale una oportunidad. Me ha costado muchísimo armar carrera aquí en Chile, y ahora que por fin estoy encontrando mi camino no quiero desviarme porque me cegaron las luces del Rockefeller Center.

Antes sí que me sentía en el aire. Nada claro, negando todo, eligiendo con pinzas las verdades que más me acomodaban. Eso no es vida, eso es fantasía. Lo malo de la fantasía es que tiene un solo protagonista, que es uno. Cuesta vender fantasías. Es más fácil compartir sueños.

¿Qué espero de mi viaje? Absorber, disfrutar, conocer, empaparme de otra forma de vivir, equivocarme, que me corrijan, compartir, caminar sola, escuchar música, grabar videos, conocer gente diferente. Ya no espero conocer a Tina Fey y que se vea reflejada en mí para luego adoptarme como su protegida y luego co-producir una serie y una película juntas. Prefiero ser más realista. Volver a Chile, llegar a mi pega, reencontrarme con mis amigos e independizarme. Realismo mágico. La vida que soñaba no se compara en nada a la vida que tengo ahora. Lo mejor de mi vida de hoy es eso: es real.

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