martes, 22 de marzo de 2011

Clases y Raza

Cuando estaba en IIIº medio y nos estaban invitando a fiestas de graduación de otros colegios (mi colegio era solo de mujeres) importaba mucho el peinado que te ibas a hacer. Por lo general era medio moño y pelo liso, o como decíamos nosotras, el pelo lais. No era extraño llegar un lunes a la sala y escuchar a alguna afortunada compañera hablar de la fiesta a la que fue y de su famoso peinado con el pelo lais. Era una manera de decirlo de manera más sofisticada, porque pucha que era fome decir "me alisé el pelo." Era más entretenido que sonara de manera anglosajona; pelo lise, fonéticamente pelo lais. Demás está decir que a esa edad no se nos ocurría qué más hacernos con la champa, entonces era gracioso decirle pelo lais. Sonaba más elegante, más divertido.

Con el paso de los años empecé a escuchar el término en otros lados. Pelo lais ya no era solo un peinado, era una persona. Mejor dicho, un tipo de personas. Las niñitas flacas, rubias que van a Starbucks desde los 14 años y que después del colegio van a comer sushi con las amigas. Hace diez años les habríamos dicho cuicas. Esas niñitas flacas, rubias que iban al Alto Las Condes a sentarse en las escaleras del cine o a vagar por el patio de comida. Son las mismas, pero cambian sus hobbies y locaciones. Luego noté que se empezaron a discriminar entre ellas. No faltaba la que se lo tomaba literalmente y decía, "pero yo tengo el pelo ondulado, no soy pelo lais."

Corríganme si no estoy en lo cierto, pero no les dicen pelo lais porque tienen el pelo liso. Lo dicen porque son cuicas.

Pelo lais es el nuevo cuica, que a su vez era el nuevo pituca. No importa qué nos diga la revista Ya (que se dedica a categorizar dentro de una misma clase social), pelo lais es la niñita que va a colegio privado y que es blanquita. ¿Muy fuerte meter lo de la raza? En palabras textuales puede parecerlo, pero en la vida cotidiana estamos constantemente, nos guste o no, clasificando a todos por su apariencia.

Algunos creen que aquí no es tan evidente como en Estados Unidos, donde las diferencias de razas sí están marcadísimas, pero he observado (y preguntado al respecto) que el clasismo y el racismo están entremezclados en Chile. Están los blancos, los morenos con razgos blancos, los morenos, y los blancos con razgos de morenos, y todos sabemos a qué clase social pertenece cada uno porque nos viene casi de fábrica un filtro que nos hace categorizar de inmediato de dónde viene cada persona. Basta mirarla para imaginar de inmediato en qué comuna vive (más específicamente: en qué comuna NO vive); basta con que abra la boca y escuchar cómo habla (con papa en la boca, cantadito, en coa) para que ese filtro nos diga quién creemos que es esa persona; basta con saber dónde vive para saber qué tipo de vida lleva. Y la lista suma y sigue.

La sociedad ha creado tantos parámetros para definir a la gente que a ratos no nos damos la molestia de conocerlos y ver quiénes son realmente. Partiendo por lo físico, luego el acento, las coordenadas geográficas, la educación, y ahora tendencias políticas, creemos saber todo sobre alguien. No es hasta que realmente nos damos el tiempo de conocer a alguien que ese filtro se desvanece y vemos la realidad.

Chile es un país prejuicioso, no digamos que no. Es algo que arrastramos como tantos otros países latinoamericanos que fueron colonia europea. Si hemos logrado progreso en otras áreas, ¿por qué continúa presente ese filtro? Explicaciones hay varias.

Pongámonos en el caso hipotético de una entrevista para un cargo de relacionadora pública en una empresa internacional. En la sala de espera hay dos postulantes: una pelo lais y una chica de La Pintana. Ambas estudiaron en la misma universidad y tuvieron el mismo rendimiento, ambas son atractivas, ambas son carismáticas y tienen las mismas calificaciones. En el estado del Chile actual, ¿quién creen que corre con mayor ventaja? Ahora que lo pensaron y tienen su respuesta, ¿qué los hizo pensar que la chica pelo lais se quedó con el trabajo?

¿Viene de las empresas, de nuestros padres, de nuestro círculo, de la televisión (porque nunca falta el que le echa la culpa a la tele)? ¿De dónde viene ese prejuicio heredado? Si bien la respuesta es difusa, los que perpetúan ese prejuicio somos nosotros. Tal vez no lo hacemos en el grado del caso hipotético, pero hay situaciones más sutiles en que el prejuicio nos salta y no nos damos cuenta hasta que es demasiado tarde.

Ademas de clasismo y racismo existe mucho clasismo aceptado. Todos sabemos que rotear es malo (como dicen las viejas: rotear es de roto), pero no hay ningún problema en tratar de cuico a otra persona. Y seamos honestos, 'cuico' nunca será un cumplido. El significado de "cuico" varía mucho dependiendo de la situación, pero por lo general se aplica a alguien de clase alta o a alguien que actúa con aires de superioridad. Ojo, tampoco estoy excusando actitudes arrogantes o despectivas de gente a la que le llamamos cuicos, pero siento que sí hay otros adjetivos.

El tema es que usamos las clases como un arma de ataque. ¿Cuántas veces hemos escuchado tratar a otras personas de roto, de flaite, de cuico, de resentido, de new rich (aunque suene reduntante) de una manera despectiva? ¿Por qué insistimos en diferenciarnos de los otros para sentirnos mejores? Siempre he creído que Chile es un país en donde la gente cree que se es más fuerte aplastando en lugar de levantando a otros. Por eso nos toca ver tanta gente aserruchando pisos e inventando cahuines para perjudicar al otro en lugar de gente ayudándose. Siento que desconfiamos de todos, que siempre sentimos que nos quieren perjudicar, porque todos quieren escalar y superarse. Y lo hacemos con una inseguridad que llega a dar vergüenza.

En Santiago el clasismo es feroz porque además existe una correlación geográfica con respecto a las clases sociales. O eso es lo que creemos, porque con el tiempo se han mezclado, y en buena hora. Pero todavía existe la creencia que los que viven "arriba" son cuicos, los que viven abajo son "flaites/rotos/término despectivo de turno." No me cabe en la cabeza que todavía se usen expresiones como "de Plaza Italia para arriba/abajo." Hablamos en códigos como ABC1, C2, C3.

De pitucos a cuicos a pelolais, de picante a roto a flaite, lo que hemos hecho es modificar el lenguaje y no nuestra manera de pensar como sociedad. Lo que estamos haciendo es perpetuar un legado macabro para futuras generaciones que van a nacer en un mundo globalizado y donde todos tendrán acceso (si no es el mismo, uno mucho mejor) a oportunidades y que aún así continuarán con esa mirada retrógrada de etiquetar con términos despectivos a personas con las que debemos convivir día a día.

A pesar de esto creo que sí ha existido progreso; leve, pero ahí está. Si bien la mayoría de nuestros padres no habría compartido con gente de otra clase (ya sea por opción o porque nunca tuvieron la oportunidad), mi generación sí lo ha hecho. La etapa universitaria es casi un choque cultural porque nos encontramos con gente distinta a nosotros y nos vemos obligados a compartir con ellos. Han nacido amistades entrañables, y siempre está la historia del tipo que vino de la nada y a punta de esfuerzo salió adelante y hasta se casó con la niña de apellido con hartas erres. De a poco vamos derribando prejuicios, pero tiene que existir disposición para que eso ocurra.

Lo primero es admitir que hay prejuicios, ya sea porque han sido traspasados a nosotros por nuestro entorno o porque justo nos tocó conocer a personas de otra clase social que eran los peores ejemplares de su gente. Todos hemos conocido o escuchado del rico déspota y clasista y del pobre fresco y clasista. Cuántas historias he escuchado sobre empresarios mafiosos y ladrones que después se van a golpear el pecho a la iglesia, o la historia sobre el hombre que vive de ayuda social y usa el dinero que recibe para emborracharse. El problema está en que en algún minuto pensamos que todos son así. Nuevamente insisto que sí, existen estos personajes. Pero no todos caen en esa caricatura. Y ahí está el otro problema: en Chile nos encanta generalizar (y estoy muy conciente que eso es una generalización.)

Me pasó una vez en un carrete universitario que un compañero algo ebrio me dijo "yo te odiaba porque eres cuica." ¿Qué le iba a decir? Me tuve que reír, pero no puedo negar que el comentario me dolió. Luego escuchaba a gente hablar de otros cuicos de manera despectiva y yo decía, "pero yo soy cuica, po'." Y de inmediato decían "no, pero tú no..." Al final nunca me quedó muy claro lo que era ser cuica, pero sé que de alguna u otra manera me veían así. Me pasó muchas veces que sentí que tenía que pedir perdón por ser quien soy, pero al hacerlo estaba haciéndome partícipe de ese clasismo aceptado. Y claro, también había mucha inmadurez de mi parte ahí, pero el problema persiste.

Tengo clarísimo que el clasismo que sufro yo es un merengue al lado del que sufren lo que están del otro lado. Alguien de otra clase social me puede mirar feo porque le caí mal de presencia, pero sé que me esperan mejores oportunidades por el solo hecho de ser quien soy. Y no quiero caer en el "mejor para mí" porque no es correcto y es esa misma actitud lo que mantiene el problema. También me molesta en sobremanera escuchar a gente de mi círculo tratar a otros de chana, rota, flaite, chula. Me molesta que me digan que no tengo por qué andar hablando del tema de las clases sociales y del racismo porque estoy del "lado beneficiado" y no me puedo quejar. Claro que me quejo, y no lo hago por mí. Este es un problema que afecta a la mayoría, y no quiero que lo hereden las siguientes generaciones.

Hasta me molesta que he pecado de lo mismo que critico para escribir esta entrada, pero al mismo tiempo me doy cuenta que no habría podido escribirla sin usar esos prejuicios que he absorbido. Y quizás ahora que estrujé la esponja me van a dejar poco a poco. No tengamos miedo de hablar de este tema pero, aún más importante, no tengamos miedo de empezar a vernos de verdad.

8 comentarios:

Fran dijo...

excelente reflexión Sofi. Sin palabras, pienso exactamente igual.

RJ45_CL dijo...

Es impactante eso que mencionas sobre la universidad. Al menos acá en Antofagasta los colegios privados entrenan y lavan el cerebro de sus alumnos desde chiquititos a que deben irse a estudiar a SCL a la Finis Terrae, Adolfo Ibañez, U. de los Andres o te tendrás que juntar con el "perraje". El tema es q muchos q no tienen la suerte de partir a SCL quedan en alguna Universidad local con una mochila psicológica de ser inferiores y con conflicto ideológico de que no deben mezclarse, al final esto genera un aislamiento no siempre termina bien.

Anónimo dijo...

Al leer tu entrada me pasee por todos esos prejuicios que mencionas, los sentí, sobre todo en la primera parte (por que es algo que se siente, no se piensa) pero me obligue a apartarlos y seguir leyendo... que bueno que lo hice. He aprendido con el tiempo y gracias a muchos amigos y pololas que he tenido a apartar esos prejuicios que se sienten para poder ver más allá y valorar a las personas por quienes son y quienes quieren ser.

Reconozco que aún utilizo algunos términos como flaite/cuico/etc, pero he descubierto que en realidad lo que no soporto es la prepotencia y la agresión gratuita de mucha gente y que es independiente de la parte del "catalogo" en que este.

Me gusto mucho tu opinión y la comparto plenamente.

Christian (@Drior)

xSandriiita_x dijo...

aaaah!! lo lei enteriiito....
excelente reflexion....
amo como scribes...la soltura que tienes para expresar lo que sientes...o lo que piensas....


Saludos!!

Soy xSandriiita_x de Twitter :)

SSergioA dijo...

*rasgos
:O
:)


Los prejuicios son útiles.
Etiquetar, clasificar, categorizar es como organizamos nuestra experiencia, la transformamos en conocimiento.
Una vez que tenenmos conocimiemto, podemos prejuzgar, es decir, anticipar un comportamiento.
Mi experiencia organizada me dice que el sol sale todos los días y por eso apuesto a que mañana va a salir de nuevo.
Eso es un prejuicio, y pucha que sirve.

La discriminación también es útil.
Discriminar es discernir entre lo bueno y lo malo, lo mejor y lo peor.
La discriminación nos permite conseguir mejores amigos, pareja, pega y bienes.
Los únicos que no discriminan son los muertos, porque no tienen preferencias, todo les da igual.

Anónimo dijo...

Me declaro un sofiadicto

Iván Nethanyau-Seláh dijo...

Salam Alecu...!

Osvaldo dijo...

Vivo en Argentina, me interesa leer acerca de las reflexiones de las personas sobre distintos temas. Como planeo ir dentro de un tiempo a vivir a Chile comencé a buscar sobre todo reflexiones sobre dicho país. En cuanto al hospedaje aun no se a donde voy a ir, pero ya me pasaron un delivery las condes para alimentarme, jaja