jueves, 19 de mayo de 2011

7 Cosas Que Aprendí de Chile Cuando Viví en Nueva York

Estoy pronta a cumplir un año de la fecha en que partí a la Gran Manzana por tres meses. Algunos pueden pensar que no es suficiente tiempo como para tener una mirada objetiva de una sociedad, pero es mi experiencia que al mes de tener una rutina en otro país ya comienzas a sacar conclusiones de tu patria, y con cada semana que pasa esas observaciones se confirman o se corrigen. Ahora que llevo bastante tiempo de vuelta en Chile siento que puedo compartir algunos puntos que me llaman la atención de nuestra sociedad.

1- Perdemos demasiado tiempo saludando de beso a gente que no conocemos.
¿Les ha pasado que son los últimos en llegar a un cumpleaños y les toca saludar a todos, y a veces como que uno se agota y hace un "HOLA" general moviendo harto la mano para que todos te vean y luego no puedan decir que no saludaste? Saludar de beso es una tradición casi tierna que poco a poco se ha convertido en una carga. Siento que en el ambiente personal es más correcto que en el profesional. Me parece raro y hasta inapropiado llegar a una reunión con gente que no conozco y saludarlos de beso. Es incómodo, forzado, y al final trivializas el beso, que es un gesto para demostrar cariño. Y ni siquiera saludas de beso-beso. La mayoría de las veces es presionar mejillas y chasquear los labios. Algunas veces hasta duele porque es un choque de pómulos. Creo que en esas ocasiones más formales sería más apropiado estrechar manos o hacer un gesto con la cabeza antes que poner tu cara contra la de un extraño.

2- El Metro de Santiago es la raja.
Sí, andamos todos apretados. Sí, nos cagamos de calor porque vamos todos apretados. Sí, nos corren mano porque andamos todos apretados. PERO el metro siempre llega a tiempo. Nunca me ha tocado un tiempo de espera mayor a 8 minutos entre tren y tren en el metro de Santiago, a no ser que haya un desperfecto técnico. Pero si te toca esperar, hay tele en el andén y en algunas estaciones hay espacios culturales. En Estación Moneda hay unos cuadros preciosos. ¿Saben lo que no hay en el metro de Santiago? Ratas. No digo ratoncitos, digo RATAS. Grandes de cola larga que pasan entre tus pies o se pasean por los rieles. Tampoco hay agua sucia ni basura en los rieles y los andenes siempre están limpios. Sería perfecto si el metro funcionara 24 horas y tuviese aire acondicionado, y tampoco nos caerían mal líneas paralelas, es decir, una línea que pase por el otro lado del río. ¿Se imaginan un metro que pasara por Kennedy, o que llegara hasta La Reina? Metro en todas las comunas y que funcione 24 horas es el sueño del pibe, pero lo que tenemos hasta ahora tampoco está tan malo. Además, todavía no llegamos al punto en que extraños froten sus penes contra las pasajeras.

3- Liberales, pero intolerantes.
Aquí todos tenemos que hacer un mea culpa. A todos nos gusta tener opinión y no hay nada mejor que todos la conozcan. Pero donde fallamos es en respetar la opinión del resto. No sabemos estar en desacuerdo, menos si son temas políticos. No somos muy objetivos. Si alguien no nos gusta entonces nada de lo que haga puede ser considerado bueno. Y no solo eso, también tendemos a caer en el odio, en el sentido más suave y en algunos casos más literales de la palabra. Si alguien no nos gusta lo despojamos de su humanidad. Si a esa persona le ocurre una tragedia nos falta poco para celebrarlo. Es como si pensáramos que se merece la desgracia, porque cómo va a ser posible que no piense como nosotros. Lo curioso es que los que mejor saben estar en desacuerdo son los políticos. Son cínicos al respecto porque se mandan mensajitos por la tele y el diario, pero igual no más tienen una relación cordial y de seguro hay uno que presta la casa a fin de año para el asado.

4- Relajados para carretear, pero ineptos a la hora de conocer gente.
Lo que me gusta de Chile es que no tengo que salir con tacos si quiero carretear. Nadie me va a mirar raro o me va a negar la entrada a una disco si llego con zapatillas. Somos de tiraje largo; podemos empezar carreteando en la casa de un amigo a las 11:00 y terminar comiendo un as en ese kiosco divino que está en Pío Nono con Dardignac a las 5:00 de la mañana. O podemos carretear menos y estar en la casa a las 2:00 tirando la talla, o durmiendo, y da lo mismo. Lo que sí nos cuesta es hacer conversación. si alguien se me acerca en un bar lo más probable es que ese chico tenga intenciones específicas. Siento que somos tímidos a la hora de conocer gente nueva que no tenga a nadie en común con nuestro círculo de amigos. Los extranjeros son buenos para conversar y no les molesta que la cosa quede hasta ahí. Al día siguiente te invitan a un café y la cosa también queda hasta ahí. Es raro en un comienzo, pero después te das cuenta que te quieren conocer. Que pueden ser amigos. Que no es necesario agarrarte a cualquiera que se te acerque. Y es raro, porque existe cierta presión para cerrar el trato rápido. Si no lo haces eres cartucha o reprimida y todo es culpa tuya, porque cómo va a ser posible que el tipo no te guste lo suficiente. ¿Qué pasó con las citas, con las idas al cine, con las ganas de conversar y pasear y conocerse?

5- Muy preocupados del otro, y no precisamente de su bienestar.
Con esto me vuelvo a referir a algunos puntos del tema 3. Nos preocupa mucho lo que piensa el otro, tal vez para determinar lo más rápidamente posible si nos cae bien o mal, si es de los nuestros o del bando contrario. Somos sapos. ¿Se han fijado como la gente se mira en la calle? Vas feliz de la vida y con casi todas las personas que te cruzas en la vereda haces contacto visual. Antes pensaba que esto era algo cálido que demostraba que nos preocupábamos del otro y que nos deteníamos un momento para dedicarle un segundo a otra persona. Mentira. Luego de caminar por la calle sin que nadie me mirara ni la ropa ni los ojos ni la cara ni mis zapatillas ni mi gorro de lana me sentí libre. ¿Qué tenemos que andar mirando tanto? ¿Qué importa como anda vestido el chiquillo hippie? ¿Por qué tanto cuchicheo cuando la chica nueva de la pega llega con zapatos excéntricos? Hicimos del pelambre un deporte muy entretenido, y no nos damos cuenta que es una pérdida de tiempo. Si vas a la playa y me ves con mi celulitis aguda y aún así en bikini, ten clarísimo que me da exactamente lo mismo lo que pienses. Si a ti te preocupan esas cosas, entonces tú no muestros los tutos de naranja. Allá tú. Lo que es yo, me voy a ir a bañar con mis tutos de cráter.

6- Somos amigos.
No sé si esto es algo que tiene que ver con ser latinos, pero nuestra calidez con la gente que queremos es notable. Si bien somos fríos con gente que no conocemos o que piensa diferente, con los nuestros somos un amor. Somos de piel, de abrazarse por las puras, de inmediato ponemos el hombro al que lo necesite, hacemos una vaca para el cumpleaños de un amigo para que en lugar de recibir 5 regalos pencas reciba uno la raja y que siempre quiso. Si no estamos de acuerdo con un amigo, no importa, igual estamos ahí para cuando quede la grande. Nos cuidamos, nos defendemos a muerte, somos leales, le escondemos el teléfono al amigo que quiere puro llamar a su ex, y le tomamos el pelo a la amiga que se va de guajardo.

7- Cultos anti-cultura.
Nos castigamos mucho por los gustos personales. Si no te gusta algo chileno, entonces estás renegando de tu país y mejor ándate al extranjero porque aquí no necesitamos gente como tú. Si vas a cantar, que sea en español. Si vas a hacer cine, que tu historia tenga un drama social porque a nadie le interesan los problemas de los cuicos. Si vas a escribir, lo mismo. El arte es arte, la cultura es cultura, y puede tomar muchas formas. Estamos en un mundo conectado, tenemos acceso a lo que queramos y recibimos influencias de todas partes del planeta. Es inevitable que nuestros gustos vayan más allá de Los Prisioneros y del discurso político. Hay tantos temas que abordar, pero aún así nos limitamos y vemos la necesidad de decirle al otro cómo tiene que expresarse.

Al final siempre volvemos a la intolerancia. Política, cultural, lo que sea. Dejemos de preocuparnos tanto por lo que le gusta al otro o aprendamos a debatir. No sigamos tachando de fachos, comunachos, o lo que sea a otra persona porque no nos gusta como es. En la diversidad está la belleza, y si hay algo que tenemos en este país es la diversidad. Tenemos que aprender a admirarla no más.


3 comentarios:

Jose Luis dijo...

Excelente. Me dejo reflexionando :)

Andres Zurita-Silva dijo...

Felicitaciones por desmenuzar la indiosincracia chilensis (sin ánimo de ofender a pueblos originarios). La mentalidad isleña nos tiene bastante jodidos, y la mixtura del conservadurismo/religiosidad ha pegado fuerte en la cultura pop. He llegado a pensar que sería indispensable que todos pudieran tener acceso a salir fuera de Chile para que puedan aprender nuevas cosas y abrirse un poco de mente. Creo que eso sería super necesario! Gracias por tus post, muy piolas!

rene dijo...

Estoy de acuerdo con tus comentarios, y estoy de acuerdo con el comentario anterior que nos haría falta que todos los chilenos se pegaran un viajecito fuera de Chile para ser un poco menos obtusos y, sobre todo, para que aprendan a valorar un poco más a Chilito...a pesar de todo, me gusta Chile!!