sábado, 21 de mayo de 2011

Cuando los caminos se separan

Hace unos días leí una columna muy buena en Thought Catalog sobre la devastadora experiencia de perder a tu mejor amigo o amiga, y cómo lidiamos con la situación. En lo personal, he observado que a la hora de hablar del tema con otras personas hay que resguardarse un poco. Las veces que he demostrado tener mucha pena por estar en una mala situación con una amiga, casi siempre escucho el comentario "Ay, ni que te hubieran pateado." Y es que pareciera que la gente quiere ignorar el hecho que las amistades también son una relación sentimental, solo que cuando se acaba no te preguntas a quién vas a besar, sino que quién te escuchará.


Hay gente que te cae bien. Hay gente con la que puedes echar la talla o salir a carretear. También hay gente a la que necesitas en el sentido más puro de la palabra. Gente que es la primera en enterarse de las buenas y de las malas noticias, ya sea a la hora de almuerzo o a las tres de la mañana. Gente por la que metes las manos al fuego y haces hasta lo imposible por estar ahí y asegurarles que cuentan contigo, y esa gente te devuelve la mano de la misma manera y por un momento crees que la amistad durará para siempre.


Hay veces que tienes peleas grandes que lo cambian todo y una nueva gama de emociones sale a flote. Pero hay otras ocasiones en que no hay pelea. La amistad simplemente se desvanece. Miras hacia atrás y la persona estaba contigo, hoy miras hacia el lado y parece estar caminando al lado tuyo pero más lejos... Y miras hacia adelante y ya no la ves. No hay dramas ni conflictos que hayan gatillado este distanciamiento, la ausencia simplemente aparece. Esa persona ya no está en tu vida. Los caminos se separan, crecemos, nos convertimos en otras personas y finalmente no puedes entender cómo era posible que pudieran pasar horas al teléfono. Se acaba la curiosidad, el interés. Solo quedan tallas internas de hace años que no tienen mucho sentido hoy pero que las mencionas para evitar un silencio incómodo. Ahora escuchas las tallas frescas y no te causan gracia, y las tuyas son recibidas con una sonrisa más forzada.


Algo sucede. Nada extraordinario ni repentino. Es un proceso lento, un cambio tan sutil pero tan constante que llega el día en que miras a esa persona y ya no se reconocen. ¿De verdad fuimos tan cercanos? Las fotos en Facebook me indican que sí, y esos dos años que pasaron desde que tomamos las fotos se sienten como diez. ¿En qué minuto crecimos? Nos dejamos de buscar. Si nos encontramos, hablamos casi metódicamente y los silencios se hacen más largos, el contacto visual se hace más incómodo y todo lo que está alrededor parece mil veces más interesante que mirar a la otra persona. Y disfrazas la incomodidad prendiendo otro cigarro, o jugando con la pajita de tu jugo, o te abrochas los zapatos. Porque no quieres que se note demasiado que no tienes ningún interés de estar ahí. Suena duro, pero finalmente es eso. Te da lata. Te da lata este ser humano que adorabas y que ahora a duras penas haces partícipe de tu vida. Pero no quieres que quede en evidencia que nos aburrimos juntos, porque algo de amor queda y no quieres herir a la otra persona, y esa persona tampoco te quiere herir a ti. Son cordiales, pero tampoco hacen planes para volver a verse, y si los hacen, son muy vagos. Algo para terminar el encuentro de manera correcta.

¿Dónde se va todo ese amor? Queda en los recuerdos de un tiempo pasado, y cada vez que nombren a esa persona que ya no camina contigo no vas a sentir ni rabia ni odio, ni siquiera pena. Porque no pasó nada malo. Con suerte puedes identificar las razones del distanciamiento, pero sabes que esa persona fue especial en tu vida, y tú en la de ella. Quedan historias, fotos, viajes, y puedes nombrar cada momento en el que esa persona te hizo feliz, como al doblar la esquina de las páginas favoritas de un libro. Te acuerdas de ese primer abrazo con sentimiento, cuando te secaron las lágrimas, cuando trataron de hacerte reír con un mal chiste para no verte sufrir ni por un segundo. Por un momento te preguntas por qué ya no está en tu vida, por qué no puede ser todo como antes.


Porque la gente cambia. Las prioridades y los intereses ya no son los mismos, y así también cambian tus necesidades. Somos otras personas. Creíamos conocernos tan bien, pero hoy no nos distinguimos en una multitud. No sé si hay ganas de redescubrirse, aunque a veces sucede. Vuelves a encontrarte con alguien que habías dejado atrás hace años, y usas esa base de cariño para construir algo nuevo. Algo más maduro, más racional pero no por eso menos emocionante. Y cuando te das cuenta que dejaste a alguien atrás, queda la esperanza que te la toparás de nuevo más adelante y que, con algo de suerte y de trabajo, podrán escribir un nuevo capítulo.


Pero ahora no sientes eso. En tu corazón les deseas buen viaje a esas personas que vieron algo en ti y nunca olvidarás lo que viste en ellos. Te preguntas si sus caminos se cruzarán nuevamente y volverán a descubrirse, y tal vez ese cariño que creías muerto simplemente ha estado dormido todos estos años.

1 comentario:

Erleia dijo...

Al fin alguien que entiende lo que siento!!!! Vale q expresaste todos y cada uno de los sentimientos que tuve cn dos ex amigas, eran de esas amigas- amigas. Eramos las chicas superpoderosas y too eso (yo era Bellota XD) Hubieron peleas y a pesar de que traté de seguir, pues ya no había por q seguir, aún me sacan en cara que las dejé botadas. Pero creo q era peor seguir fingiendo que me importaba lo que dijeran...preferí marchar y que ellas se quedaran cn sus propias conclusiones....