lunes, 17 de enero de 2011

Yo, Puta.

Si eres mujer y estás leyendo esto, debes saber que dentro de ti hay un gran potencial para ser puta.

Tal vez ya te han llamado así a tus espaldas y no lo sabes. O tal vez te han llamado perra por algo que no tiene nada que ver con estar en celo y buscar con quien aparearse. Puede haber sido por algo tan simple como mirar feo a un tipo.

Si tomamos ambos términos literalmente, entendemos que "puta" es una mujer que recibe dinero a cambio de favores sexuales, y en algunos casos, compañía. "Perra" claramente viene del animal; cuando las perras están en celo persiguen a los machos y les ponen el trasero en la cara para cruzarse. En versión humana, es caliente.

El asunto es que no es necesario que pidas dinero a cambio de sexo para que te digan puta o perra. Puedes recibir ese descalificativo (porque nunca he escuchado que a alguien le digan 'puta' para halagarla) por algo tan simple como decirle "no" a un hombre cuando te saca a bailar, como bien lo dijo un lector de este blog en un comentario de mi post anterior. Si rechazas a un hombre o hieres sus sentimientos, eres una perra.

Tampoco quiero generalizar porque evidentemente no todos son así. Pero si hay hombres leyendo esto, piensen en cuántas veces han calificado de puta o perra a una mujer que no era necesariamente una prostituta o su mascota. Es muy probable que si usaron una de esas dos palabras es porque esa mujer hirió su orgullo, o simplemente los hirió. A todos nos duele el rechazo porque todos tenemos aunque sea un poco de orgullo (algo a lo que todavía no lo encuentro mucha utilidad - a la dignidad, sí). Pero también hay que pensar que no siempre nos podemos amoldar a los deseos de un hombre. Si te digo que no es por muchas razones, algunas tienen que ver contigo y otras son más aisladas. También piensa en cuántas veces has rechazado a una mujer por la razón que sea. Si tenemos libertad de elegir, y esa elección no te incluye o no me incluye a mí, no hay necesidad de caer en el insulto. Si nos preocupáramos más de respetar nuestras opciones no estaríamos tan pendientes del orgullo y de seguro todos andaríamos menos acomplejados por la vida.

Las mujeres tampoco lo hacemos tan mal (o tan bien). Si nos 'roban' a nuestra pareja, la nueva mina de tu ex es una perra, cuando el verdadero villano (si es que lo hay) es tu ex porque no supo decirte que ya no quería estar contigo y que prefería estar con otra persona. O incluso si lo hace y te informa a tiempo de sus intenciones, el dolor nos hace querer disminuir a la otra persona y nos lleva a usar descalificativos como perra o puta.

Lo que hace de esto tan injusto es que no existe un equivalente masculino para puta o perra. Si un hombre es conocido como puto es casi un héroe. Bien por él por tener tantas conquistas (y al final eso es promiscuidad, no prostitución). Pero cuando las mujeres tienen prácticas similares, como sexo casual con varios compañeros, nadie le dice "campeona" (excepto sus amigas más cercanas). Si quieres herir el orgullo de un hombre, lo peor que puedes decir es algo alusivo a su virilidad. Que tiene mal desempeño, que lo tiene chico, que es eyaculador precoz, etc... Para los más homofóbicos, "maraco." Él lo puede negar o puede responder con más puteadas y perreadas, pero las dudas sobre su virilidad ya están sueltas en el universo, y es muy probable que varios/as se estén burlando de él a sus espaldas. Aún así, no existe un equivalente masculino de puta. En buena hora, porque si existiera estaríamos peleando una batalla mayor.

Creo que esto se debe a que las sensibilidades masculinas y femeninas son distintas. Mientras que a nosotras también se nos exige un desempeño sexual bueno, no es lo más importante y tampoco arruinará nuestra reputación porque competimos en otras arenas. Es bien sabido que las mujeres somos competitivas (como dijo Chris Rock: las mujeres odian a las mujeres; extremo, pero entre broma y broma...) y si nos arreglamos no es solo para atraer hombres; también queremos vernos lindas para otras mujeres. Un hombre te puede herir, pero una mujer te puede humillar, y es siempre peor que te humille alguien que es tu par.

También está el tema de la explosividad de los hombres. Son más espontáneos; si están enojados lo sabrás de inmediato, y de ahí los exabruptos de puta y perra para arriba y para abajo. Tampoco quiere decir que ellos piensen que eres literalmente una prostituta. Al final te quieren hacer sentir mal. Las mujeres nos restringimos más. Guardamos todo y lo soltamos en el momento indicado como un perfecto monólogo, re-estudiado y calculado, con veneno en cada palabra. Si te digo perra es porque lo vengo pensando hace mucho tiempo. Y ya no quiero pensar así.

Creo en la libertad de expresión, pero también creo en el poder de las palabras. El ser escritora ha hecho de las palabras mis amigas y enemigas. He sido muy hiriente sin necesidad de caer en descalificativos (y la verdad es que me parece simplista insultar para herir, y a la vez deshonroso tratar de hacer un arte del herir a otra persona), pero tampoco estoy libre de pecado. Cuando he usado términos como puta y perra para insultar lo que busco es disminuir a la otra persona, y en ese momento la empatía se me va al carajo porque me preocupa más apaciguar (o alimentar) mi rabia que ponerme en los zapatos de la mujer que estoy insultando. Y se me olvida que tiene que lidiar con la misma mierda que el resto de nosotras, y que si erró o hizo algo para merecer mi insulto es porque es humana y no precisamente una mala persona. Al final al disminuir a otros nos disminuimos nosotros, porque no supimos estar por sobre las circunstancias y elegimos el camino más fácil. El insulto, la ofensa, la elección de no buscar más allá por la verdadera solución.

Está bien liberar la rabia y sacarse el dolor que uno lleva adentro, pero con el tiempo he aprendido que el silencio es más sabio que las palabrotas. Es un proceso lento y cuesta muchísimo, pero si en algo nos distinguimos de los animales es en que nosotros podemos controlar las pasiones. Tampoco digo que hay que vivir una existencia robótica porque de verdad creo que hay poesía y belleza en la espontaneidad. Pero sí creo que tenemos el poder de elegir algo mejor.

Tampoco quiero dar la impresión que soy una mina híper-sensible a la que no se le puede decir nada. Estas son simples observaciones que me gusta llevar más allá. Siento que si las hago puedo realizar un pequeño cambio y, en lo posible, convertirme en una persona más respetuosa.

martes, 11 de enero de 2011

Piropos vs. Acoso

Partamos con que los hombres y las mujeres tenemos distintos conceptos de lo que es un piropo, y es aún más diferente nuestra opinión sobre cuándo corresponde decirlos.

"Pero si a las minas les gusta que les digan que se ven lindas, les sube el ánimo." Esto es cierto, en especial cuando te lo dicen con tino, y no cuando son cuatro hombres diciéndolo en la oreja cuando te ves obligada a pasar entre ellos por la calle.

Hay cierta vulnerabilidad en ser mujer. Para nosotras no es llegar y caminar en la calle, mucho menos de noche. No es que vivamos con miedo (personalmente, no es mi caso), pero sí estamos concientes que en cualquier minuto puede saltar alguien de su escondite y hacernos algo. Siempre hay una voz en tu cabeza que te advierte que no debes bajar la guardia. Esto no es una exageración. A una amiga le pasó que iba caminando por la calle y un tipo la empezó a seguir. Cuando lo sintió respirándole en la oreja, volteó y se dio cuenta que el tipo se estaba masturbando. Luego la presionó contra la pared, lo que no es difícil de creer considerando que los hombres son más fuertes que las mujeres. Es biológico y no se puede hacer nada al respecto. Si no es porque justo en ese momento pasaron unas personas cerca, el tipo se la llevaba a un callejón y la violaba. Quién sabe qué más le habría hecho.

¿Por qué cuento esta historia? Porque hay que entender que todas esas advertencias sobre seguridad para mujeres que andan solas sí tienen razón de ser. La advertencia no corre solo por andar sola de noche. Hace unos meses estaba en el metro de Nueva York yendo a casa luego de clases. Me bajé en mi estación y entré a una tienda a ver unos audífonos. Se me acercó un hombre de unos cuarenta años y me dijo hola. Lo saludé de vuelta, pensando que trabajaba en la tienda. "Te escuché cantando en el vagón del metro. Yo hago lo mismo a veces. ¿Te gustaría salir conmigo?" De inmediato le dije que tenía un compromiso y me tenía que ir. "Qué lástima. Bueno, eres muy atractiva." Y se fue. Sé que puede sonar raro que me guste cantar cuando escucho música, pero más raro aún es que alguien te vea en el metro, se baje en tu estación, te siga hasta que entras a una tienda, se acerque a ti y te invite a salir. Si fuera una comedia romántica todos creeríamos que es tierno y jugado, pero en la realidad las cosas se ven con otra luz. A medida que caminaba a casa me fui dando cuenta que era muy raro lo que había pasado, y me bajó la paranoia y tomé otra ruta por si me estaban siguiendo. Cuando comenté la historia en twitter varios hombres dijeron "te apuesto que si hubiese sido guapo le dices que sí." No. La apariencia no tiene nada que ver. Estaba sola y en otro país y no iba a tomar ese riesgo. Es un tema de contexto. Si se acercan a ti en una fiesta, tiene sentido. Que te SIGAN, no.

En E.E.U.U. existe un sitio que se llama Dickflash.com, donde exibicionistas intercambian datos y tips para exponerse a las mujeres. El metro de Nueva York es una locura. Aprovechando que está concurrido, los hombres se refriegan contra las mujeres (algunos incluso utilizando condón; así de preparados son) y es poco lo que ellas pueden hacer para defenderse.

Pero sí hay algo que podemos hacer. Levantar la voz. Esta mujer lo hizo, y logró que su acosador fuera arrestado y posteriormente deportado.



Hace unas semanas, inspirada por su valentía y sentido común, me atreví a levantar la voz. A unas casas de donde trabajo se están haciendo unas remodelaciones a una oficina. Había unos seis maestros trabajando, y cada vez que pasaba por afuera de la casa escuchaba chifilidos y piropos. Tengo que pasar al lado de esa casa todos los días, y después de dos la cosa ya se pone desagradable. Una vez pasé por afuera para comprar en la esquina y los maestros estaban trabajando en la vereda. Cuando pasé me miraron como si fuera un pedazo de carne (y quiero aclarar desde ya que no soy de andar arreglada; por lo general me visto de manera muy sobria y poco provocadora), pero no dijeron nada. Sabían que tenía que volver. Cuando lo hice, comenzó el festival de piropos. Y no era desde la casa, era en mi oreja. Pasé de largo pero en un momento me indigné. Me di vuelta y les dije, textualmente:

"Yo trabajo aquí al lado. ¿Me van a gritar cada vez que pase? ¿Les gustaría que a sus hijas les hablaran así en la calle?"

Y me fui. Sus únicas respuestas fueron más piropos nerviosos, pero cuando mencioné a sus hijas se quedaron callados. Desde ese día no he escuchado nada.

Todos estos casos son de desconocidos, pero no olvidemos que también hay problemas con gente que conocemos. El ambiente laboral es complicado para una mujer. Si te va bien, es muy probable que todos asuman que te estás comiendo al jefe o que te lo comiste para conseguir el trabajo. Porque cómo va a ser posible que una mujer esté calificada para su trabajo, ¿cierto? Y aunque todos reconozcan tus capacidades, siempre estás expuesta a que te llegue un comentario desatinado. "Te ves linda hoy" es un piropo, y está bien. El mismo piropo repetido (y frente a otros colegas) pasa a ser molesto, porque una vez que se va el que te piropeó comienza la especulación. "Oye, y, ¿qué onda ustedes dos? ¿Pasa algo?" Es una situación muy injusta y muy de mierda. Pero lo peor no se acaba ahí, porque cuando le paras los carros al piropero al tiro le viene el machismo, "aaaaaah, que andai pesadita, es que a ti no se te puede decir nada, es que contigo hay que tener cuidado, las minas son unas histéricas, pero TRANQUILA...." bla, bla, bla. ¿Saben qué? No, no me voy a quedar tranquila. Preferiría mil veces que me dijeran que soy buena profesional frente a otros antes que me digan que me veo bonita. Sé que una cosa no quita la otra, pero cuando estás rodeada de gente que escucha tus comentarios referentes a mi físico la cosa toma connotación sexual y mi trabajo pasa a segundo plano.

No es normal que alguien que trabaje contigo te diga "rica, rica, rica" mientras prueba micrófonos y te mira con cara de depravado. Tampoco es normal que se ría cuando le digas, "por favor no digas eso". Ubícate. En serio, ubícate. Lo que para ustedes es una joda o "un favor" (créanme, hay otras maneras de subirle el autoestima a las mujeres además de piropos), para nosotros es una molestia. Y no nos podemos enojar al respecto porque se supone que tenemos que estar acostumbradas y resignadas al hecho de que por ser mujeres, solo por eso, estamos expuestas a que comenten nuestra apariencia. Si lo hace tu pareja en la intimidad, ningún problema y ahí cada una sabe lo que hace. Se trata del contexto.

No digo que todos los hombres sean así. Hay muchos que intentan ser respetuosos, y algunos hasta piensan en piropos muy originales que se pueden ganar una sonrisa. Está bien, tampoco se trata de que todos se queden callados, porque hay ocasiones en que no molesta y es hasta divertido que te piropeen. Pero que no se les pase la mano.