miércoles, 26 de noviembre de 2014

Repetición Sin Aprendizaje

Una de las definiciones más citadas de locura es repetir un comportamiento una y otra vez esperando un resultado diferente. Si buscamos un ejemplo no hay que mirar más lejos de la cámara de diputados y el congreso.

Personalmente, no milito en ningún partido porque todos tienen algo que me gusta. Como dijo el gran Chris Rock, "nadie es una sola cosa. Cualquier persona que dice lo que es antes de escuchar un problema es un idiota. Soy conservador para algunas cosas, y para otras soy liberal." Me identifico muchísimo con esa idea y no creo ser la única. En Chile nuestra primera opinión política importante está relacionada con el golpe militar, y si bien nací en dictadura, no la viví. No por eso siento menos empatía por los afectados. No por eso apruebo lo que pasó. Muy por el contrario. Es un problema del pasado y la vida continuó para todos, pero es difícil olvidar la herida que más dividió al país cuando tantos de los protagonistas de la Unidad Popular y de la dictadura continúan ocupando puestos públicos a casi un cuarto de siglo del regreso a la democracia.

No me gustan los partidos, mucho menos las coaliciones. No me entra en la cabeza que los demócrata cristianos se hayan aliado con los comunistas, pero la unión hace la fuerza. Dos partidos que no tenían relación en los setenta andan de lo más amigos en el siglo XXI. Quiero dejar claro que me gusta la colaboración, pero todos sabemos que no lo hacen para colaborar. Se unieron para tener más peso en la balanza y desequilibrar a la Alianza por Chile. Otra coalición sin colaboración. Todos podemos simpatizar con un lado o el otro, pero no se permite la objetividad si integras la cámara de diputados. No piensas, obedeces al partido.

Al pertenecer a un partido de inmediato pasas de ser objetivo a un objeto; una ficha para apostar, una carta para cambiar, otra pieza en un tablero de ajedrez. Pasas de defender ideas a defender ideologías. Antes que cualquier cosa se espera que seas DC, o UDI, o socialista, o PPD, o RN, o comunista. Pero en el esquema más pequeño y el más grande eres una persona, y por pertenecer a un partido te predisponen a siempre estar insatisfecho con las ideas de tu rival.

Los candidatos presidenciales siempre dicen "me encantaría trabajar con gente de otros partidos." Llámenlo marketing o un sincero interés en tener más diversidad, pero al fin y al cabo no funciona porque tu partido JAMÁS te permitirá trabajar para el 'enemigo'. Y es que al final hay que entender que no sirve de nada tratarnos de enemigos entre compatriotas o servidores públicos solo porque pensamos distinto. Cualquiera puede tener una opinión, pero no cualquiera puede tener una idea que va a hacer un cambio. Hay quienes proponen, pero también están los que militan solo para estar de acuerdo con alguien, para pertenecer a algo.

Al mismo tiempo hay que tener en cuenta que no es llegar y meterse en la política. Tienes que atravesar muchas barreras y saltar muchas vallas para obtener un puesto público. No todos son igual de encantadores, ni con la misma inteligencia y las habilidades varían tanto como en la vida del resto de los simples mortales. El problema es que en lugar de poner todas esas virtudes al servicio de una causa común (aunque en teoría, la causa somos nosotros), la amenaza de alguien que cree en otra manera de hacer las cosas termina entorpeciendo el proceso de mejorarlas.

Tenemos dos bandos que pelean diariamente con palabras y cuñas despectivas que buscan atacar al contrincante en lugar de proponer una salida. Tenemos 120 diputados, pero sólo hay dos voces. A veces, tres. Tenemos  gente como Andrés Zaldívar, que fue ministro de Frei... Montalva. Hoy es ministro de Bachelet. Décadas en un puesto público, y mientras agradezco su servicio al país al mismo tiempo siento que hay que refrescar la parrilla. Es cierto que la experiencia es la mejor de las virtudes en este tipo de trabajo, pero no es necesario ejercer para ser un aporte. Una cosa es entender al país, otra cosa es entender una generación y la que le sigue.

Gobernar raramente es buscar soluciones para un problema inmediato. La mayor parte del tiempo se invierte en mejorías a largo plazo para que las generaciones que vengan tengan una mejor calidad de vida. Todo es gradual. Por esto me parece importante que la gente que lleva más de 30 años en un puesto legislativo sepa cuándo retirarse y darle el puesto a alguien nuevo, con nuevas ideas, con otras experiencias, con una nueva energía. El gran pecado de la juventud es la falta de experiencia y su gran virtud las ganas de proponer, y en el caso de la madurez es renunciar a ideas nuevas y la experiencia adquirida en el camino. Tenemos que tener un poco de las dos.

Porque no les creo nada a los políticos. No les creo porque cuando abren la boca no están diciendo sus palabras, están repitiendo una idea que les alimentaron. Y luego opinan porque eso los hace sentir independientes, pero opinan de una manera que complace a su equipo. Creo que es mucho más importante defender que militar. Defender implica pasión, preocupación, empatía. Militar es obedecer y pelear, aunque muchos prefieren verlo como una lucha. La verdadera lucha es destruir el "nada va a cambiar" y reemplazarlo por "hay que hacer algo."

Hay que exigirle a los candidatos a transparentar de dónde vienen las donaciones a sus campañas. Quiero saber a quién le deben favores, con quién van a ser más permisivo, con quién van a hacer un trato para construir una nueva carretera u hospital o un túnel.

Hay que pedir que se elimine el binominal porque solo refuerza el problema. Este nefasto sistema funciona de tal manera en que al final del día lo que importa es un partido o coalición y que una persona con ideas no merece el mismo reconocimiento electoral. Somos un país cuya clase política no quiere prescindir del binominal porque les haría perder credibilidad y, eventualmente, poder.

Hay que ser más objetivos. Olvídate de las caras y voces de Coloma, Bachelet, Lavín, Escalona, Vallejo, Piñera, Zaldívar, Rossi, Larraín y escucha sus ideas. Escucha lo que proponen. Opina, pero no los descartes para siempre solo porque no estuviste de acuerdo con ellos. Son solo algunas de las personas que pertenecen a nuestra fauna política y van a seguir ahí hasta que no descubramos a alguien nuevo, así que lo mínimo que podemos hacer es darles el beneficio de la duda. Ideas, no ideales.

Hay que tratarse con más respeto. En Chile tenemos un problema de clasismo gigantesco y es una de las grandes cosas que nos dividen y que los políticos integran ingeniosamente a su discurso para ganar simpatía social. Dejemos de definir a las personas como cuico o flaite o rasca o paltón, dejemos de atacarnos por haber nacido donde nos tocó y si vamos a criticarnos que sea por lo que hacemos contra otros, no por como nos vemos o hablamos. Por supuesto que nos burlamos del otro, pero créanme que es mejor reírse con alguien que de alguien. Dos risas son siempre mejor que una. Cuando el resentimiento y el prejuicio comiencen a disiparse las energías de los políticos serán dirigidas a algo que nos puede beneficiar a todos en lugar de ponernos frente a frente a insultarnos incansablemente.

Siempre repetimos que nada va a cambiar y creo que inconscientemente nos asusta pensar en todo lo que cuesta realizar ese cambio. Pero, ¿qué es más fuerte, la falta de ganas de hacer un cambio o los beneficios y bienestar colectivo que ese cambio podría traer para todos? Tenemos que mirar para el lado, y no para compararnos y encontrar razones para descartar a esa persona que piensa distinto a ti, sino para descubrir que los dos quieren algo mejor, aunque sea de una manera distinta. Concentrémonos en la meta y no nos perdamos en los detalles del proceso porque los solucionaremos cuando nos sentemos a conversar objetivamente.

Todos creemos tener la mejor idea hasta que escuchamos una mejor. No hay que sentir envidia ni resentir a los que nos intimidan, hay que dar gracias de tener a alguien que te empuje a superarte, a ser mejor, a pensar las cosas de una manera distinta. Eso es colaborar. Eso es empatía.

Hay que hacer algo.


No hay comentarios.: