miércoles, 7 de enero de 2015

Legislar Internet

Hace unos años, alguien decidió que el noticiero central necesitaba más reportajes. Se decidió que las noticias duras, tanto nacionales como internacionales, no eran lo que la gente quería. Esto lo supieron porque bajaron unos puntos en el arcaico People Meter, porque en la tele los espectadores son una cifra y no consumidores de contenido.

Así nacieron los reportajes en los noticieros. El hombre o mujer ancla pasaron de ser los informantes a ser los tíos que te cuentan anécdotas o datos que habrían sido muy interesantes en la era pre-Google, donde la única manera de enterarte de nuevas tendencias o de lo peligrosas que pueden ser las escaleras mecánicas en los malls era viendo tele o leyendo una revista. Hoy no queremos datos de la tele. ¿Qué credibilidad tiene un medio en que tenemos los rostros que tenemos? 

Por favor.

Y no pasa solo en televisión. Los diarios más leídos de este país ganan su pan con el exceso de portadas que cada vez tienden más a lo anecdótico, a veces a lo humillante, y casi siempre a lo trivial.

Internet llegó para defendernos y llenar ese espacio de curiosidad y hambre de contenidos nuevos, frescos, y que apelan a nuestros intereses personales como ningún otro. El futuro no va a llegar con el skate (o hoverboard para los que sa’en) de Marty McFly ni con los autos voladores de Los Supersónicos. El futuro, el presente y el pasado están viviendo libremente en internet. 

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Tenemos una sola plataforma donde podemos encontrar los contenidos que queremos, y la Ley de Medios pretende complicar la emisión de opiniones de medios online como El Mostrador con un proyecto de ley cuyo proceso está siendo pagado por nuestros impuestos. La excusa es regular e igualar los medios online con los offline, lo que tiene tanto sentido como decir que el Club Providencia es lo mismo que Facebook. Esto empieza con dificultar la tarea de los medios online y sospecho que eventualmente llegará al control y censura de los mismos. 

Todo porque no les gusta lo que ese medio está diciendo de la clase política del país.

El solo saber que los que presentaron y apoyan el proyecto creen que las leyes del mundo offline se aplican a Internet nos demuestra el desfase que existe entre los que están en el gobierno y la ciudadanía. ¿Cómo es posible que personas que tuvieron educación universitaria y que se supone tienen el criterio para mejorar el país no saben lo que es Internet? ¿Acaso es porque es más fácil inventar maneras para regularizarlo que crear un proyecto que facilite superar la pobreza, o encontrar la manera de dejar de ser un país donde a la mayoría le pagan 8 cuando necesitas 10 para vivir y tienes que endeudarte, o buscar alternativas para mejorar el transporte público, o fiscalizar a las empresas para que dejen de hacer lo que quieran con nuestros datos personales, o de ponerle atención de una vez por todas al miserable sistema carcelario, o cualquier otra manera de hacer que la vida en sociedad sea más llevadera?

Al mismo tiempo, cuando observo nuestra clase política me hace mucho sentido que no entiendan el concepto de internet. Uno de los mejores regalos que nos dio esta plataforma es la posibilidad de colaborar con otras personas. De memes, a foros, a sección de comentarios, todos queremos compartir ideas. Los políticos no hacen eso con gente que no sea de su partido y, aún así, solo con gente de su bando dentro del partido. No son todos, claro, pero de que existen, existen. No cruzan a la bancada del frente - aunque en campaña siempre prometen que lo harán - porque están preocupados de lo que pasa en su propio territorio. Como no saben ni pretenden colaborar, porque no vaya a ser que por dar una opinión te hagan la cruz en el partido, quieren controlar lo que otros dicen en un medio que simplemente no entienden. Ni siquiera pueden anticipar las consecuencias que podría traer presentar un proyecto así; es como si quisieran provocar a los hackers.

Creo que todo se reduce a que simplemente no saben qué hacer con las opiniones de la gente. No saben cómo tomárselas. No sé si es por falta de autoestima, por inseguridad, por gravedad, por carencia de sentido del humor, por ego o qué. Quizás es una mezcla de todas, pero creo que la razón principal es la absoluta desconexión que hay con la sociedad. No con la gente, sino la nueva sociedad que puede existir en una oficina y en internet al mismo tiempo.

¿Por qué quieren legislar en internet? Porque quieren saber quién dijo tal cosa. Quieren los datos del representante legal de un sitio para tenerlo identificado. Esa información se puede preguntar en un sector que se llama “Contacto”; aparece en la mayoría de los sitios y lo lindo es que si quieren te responden y si quieren no. Lo que realmente quieren con este proyecto es entorpecer la libre expresión plantando una semilla de paranoia en cada persona que quiere encabezar un medio online, sea existente ahora o en el futuro.

Si no podemos tener canales de televisión con editorial propia realmente definida y considerando que ni siquiera tenemos televisión digital, no pueden meterse en el único lugar donde sí está permitida la libertad de prensa. En el mundo offline hay que pedir permiso para informar; internet nos permitió tomar el derecho sin preguntarle a nadie.

No es necesario controlar al emisor desde el gobierno por miedo a que la gente malinterprete el mensaje, porque finalmente ese es el punto. Basta de subestimar al receptor. Lo hacen en la tele (“¿y si hacemos un programa con un poco más de contenido?” “No, a la gente no le interesa eso; necesitamos escote, futbolistas, tallas doble-sentido de 1994 y que de repente suene un ‘cueeeek’”), lo hacen en la prensa escrita (9 de cada 10 portadas de LUN son anecdóticas y no noticiosas, y La Cuarta va por el mismo camino), y ahora quieren ‘regular’ los medios online. Porque la gente puede entender mal. Porque la gente no sabe discernir. ¿Saben cómo se arregla eso?

Con educación.

El discernimiento se aprende. Nadie te puede regalar inteligencia, y tampoco la estamos pidiendo, pero lo que sí se puede hacer es enseñar a pensar. Enseñar a estudiar ideas de una manera neutral. Enseñar a observar conceptos y a relacionarlos. Algunos lo pueden hacer con más facilidad que otros, pero todos somos capaces de realizar un análisis. Ese proceso se afina con educación, con libros, con buenos profesores, con entender que debatir no es pelear, que opinar distinto a alguien no significa que esa persona es tu enemiga, pero es difícil que ese entrenamiento llegue a nuestra sociedad cuando los parlamentarios no son capaces de colaborar de una manera que se ajuste a los tiempos. Sin darse cuenta continúan fomentando una sociedad individualista donde no pensamos en el bien del resto, sino en nuestros sentimientos personales con respecto a lo que dice un medio online. Si mejoráramos la educación no tendrían que preocuparse de la opinión de la gente, porque una opinión sería solo eso y no impediría que veláramos por el bien común. Con educación sabríamos más, y entenderíamos que lo que le hace bien al resto nos hace bien a todos.

Pero todavía no saben lo que es internet y pareciera que no tienen interés en saber.